Perspectiva Histórica I: La Teoría de los Géneros en la Antigüedad Clásica y el Medievo
Perspectiva Histórica II: Del Renacimiento al Neoclasicismo
La Crisis de los Géneros: Romanticismo y Vanguardias
Teorías Modernas y Contemporáneas sobre el Género
Desarrollo del tema
# T36. El género literario. Teoría de los géneros.
## Introducción: El Concepto de Género Literario
El concepto de género literario es una de las herramientas fundamentales y, a la vez, más debatidas en el campo de la teoría y la crítica literaria. En su acepción más amplia, un género literario puede definirse como un sistema de clasificación de obras literarias que comparten ciertas características formales, temáticas y funcionales. Esta categorización no solo sirve como un instrumento para el análisis y la historización de la literatura, sino que también funciona como un horizonte de expectativas para el lector y un modelo o marco de referencia para el escritor. La discusión sobre los géneros es tan antigua como la propia reflexión sobre la literatura, remontándose a la Grecia clásica, y ha evolucionado constantemente, reflejando los cambios en la concepción del arte y la sociedad. En el contexto educativo español, el estudio de los géneros literarios es un pilar curricular, como se establece en la legislación vigente, actualmente la LOMLOE (Ley Orgánica 3/2020, de 29 de diciembre). El currículo de la materia de Lengua Castellana y Literatura para la Educación Secundaria Obligatoria y el Bachillerato prescribe explícitamente el conocimiento de los grandes géneros literarios (narrativa, poesía, teatro) y sus subgéneros, así como la capacidad de identificar sus rasgos distintivos en las obras. El objetivo pedagógico es múltiple: por un lado, se busca proporcionar al alumnado un metalenguaje preciso para la interpretación de los textos; por otro, se pretende fomentar una lectura más consciente y crítica, capaz de reconocer las convenciones y las transgresiones que definen la práctica literaria. La problemática inherente al concepto de género reside en su doble naturaleza: es descriptivo, al constatar regularidades en un corpus de textos, pero también ha sido históricamente prescriptivo, al establecer normas sobre cómo "debía ser" una obra para pertenecer a una categoría determinada. Esta tensión entre norma y uso, entre sistema y desviación, es lo que ha alimentado el debate teórico a lo largo de los siglos y lo que hace de la teoría de los géneros un campo dinámico y en continua redefinición.
## Perspectiva Histórica I: La Teoría de los Géneros en la Antigüedad Clásica y el Medievo
La primera sistematización de la teoría de los géneros literarios se encuentra en la filosofía griega. Platón, en el Libro III de "La República", establece una primera distinción basada en el modo de enunciación o "lexis". Distingue entre la diégesis, donde el poeta habla en su propio nombre (como en el ditirambo, germen de la lírica), y la mímesis, donde los personajes hablan directamente (propio del teatro). También identifica un modo mixto, donde se combinan ambas voces, característico de la épica. Sin embargo, es su discípulo Aristóteles quien, en su "Poética" (siglo IV a.C.), funda la teoría literaria occidental. Aristóteles adopta un enfoque más descriptivo y analítico que prescriptivo. Se centra en la tragedia, la comedia y la epopeya. Define la tragedia como la imitación de una acción elevada y completa, protagonizada por hombres nobles, que, mediante la compasión y el temor, logra la catarsis o purificación de las pasiones en el espectador. Analiza sus componentes (fábula, caracteres, elocución, pensamiento, espectáculo y melopea) y establece la primacía de la fábula o "mythos". Su estudio de la comedia se ha perdido, pero sus reflexiones sobre la epopeya, comparándola con la tragedia, son fundamentales. La influencia de Aristóteles fue inmensa y duradera. En la Roma clásica, Horacio, en su "Epístola a los Pisones" o "Ars Poetica", adopta un enfoque más normativo. Su principio del "decorum" (lo adecuado) insiste en la necesidad de adecuar el estilo y el lenguaje al personaje, a la situación y, crucialmente, al género. Defiende la separación estricta de los géneros ("denique sit quodvis, simplex dumtaxat et unum") y establece reglas que serían canonizadas por el Neoclasicismo. Durante la Edad Media, las poéticas clásicas fueron reinterpretadas a través del filtro del cristianismo y la retórica. Autores como San Agustín o Isidoro de Sevilla mantuvieron viva la tradición, aunque el sistema de géneros se adaptó a las nuevas realidades literarias, como la lírica cortés, los cantares de gesta o el mester de clerecía, formas que no siempre encajaban perfectamente en los moldes clásicos.
## Perspectiva Histórica II: Del Renacimiento al Neoclasicismo
El Renacimiento, con su fervor por la recuperación del mundo clásico, supuso una revitalización de las poéticas de Aristóteles y Horacio. Los preceptistas italianos del siglo XVI, como Minturno o Scaligero, y posteriormente los españoles, como Alonso López Pinciano con su "Philosophía Antigua Poética" (1596), llevaron a cabo una labor de exégesis y sistematización de los textos clásicos, pero con una clara vocación normativa. Se buscaba establecer un corpus de reglas fijas y universales, basadas en la autoridad de los antiguos, para guiar la creación literaria. Esta tendencia alcanzó su apogía durante el Barroco y, sobre todo, en el Neoclasicismo del siglo XVIII, muy influido por el racionalismo francés. La figura clave de este periodo es Nicolas Boileau, cuya obra "L'Art poétique" (1674) se convirtió en el código definitivo del buen gusto literario. El Neoclasicismo impuso una visión rígida y jerarquizada de los géneros. En la cúspide se situaban la tragedia y la epopeya, por su nobleza temática y su utilidad moral. Se insistió en la pureza genérica, condenando la mezcla de lo trágico y lo cómico, como ocurría en el teatro barroco español (Lope de Vega). En el teatro, se impusieron las famosas "tres unidades": la unidad de acción (una sola trama principal), la unidad de tiempo (la acción debía transcurrir en un máximo de 24 horas) y la unidad de lugar (en un único espacio escénico). El propósito de la literatura neoclásica era doble: "prodesse et delectare" (enseñar y deleitar), pero con un fuerte énfasis en la finalidad didáctica y moral. La razón debía gobernar la creación, y las reglas de los géneros eran la manifestación de ese orden racional. Cualquier desviación era vista como un error o una muestra de mal gusto. Esta concepción dogmática de los géneros, aunque produjo obras de gran perfección formal como las de Leandro Fernández de Moratín en España, también generó una tensión que acabaría por explotar con la llegada del Romanticismo.
## La Crisis de los Géneros: Romanticismo y Vanguardias
El Romanticismo, a finales del siglo XVIII y principios del XIX, representó una reacción frontal contra la rigidez de las reglas neoclásicas. Los románticos exaltaron la libertad del genio creador, la subjetividad, la emoción y la originalidad por encima de la imitación de modelos y el respeto a las normas. El género dejó de ser una estructura prescriptiva para convertirse en un marco flexible que podía ser modificado o transgredido. Uno de los textos fundacionales de esta nueva sensibilidad es el prefacio a la obra "Cromwell" (1827) de Victor Hugo. En él, Hugo aboga por la abolición de las fronteras entre géneros, defendiendo la mezcla de lo sublime y lo grotesco, lo trágico y lo cómico, como un reflejo más fiel de la complejidad de la vida misma. Se rechazan las unidades aristotélicas en el teatro y se reivindican géneros híbridos y formas más personales de expresión. El drama romántico es el mejor ejemplo de esta voluntad de fusión. Si el Romanticismo abrió la primera gran brecha en el sistema clásico de géneros, las vanguardias de principios del siglo XX llevaron el ataque hasta sus últimas consecuencias. Movimientos como el futurismo, el dadaísmo o el surrealismo cuestionaron la propia noción de "obra de arte" y, por extensión, la validez de cualquier sistema de clasificación. La experimentación se convirtió en el valor supremo. Los caligramas de Apollinaire disolvían la frontera entre poesía y pintura; el "Ulises" de James Joyce (1922) dinamitaba las convenciones de la novela decimonónica, incorporando una multiplicidad de estilos y técnicas; y el teatro del absurdo de Ionesco o Beckett rompía con la lógica de la acción y el diálogo dramáticos. Las vanguardias demostraron que las posibilidades de la creación literaria eran ilimitadas y que los géneros no eran categorías eternas, sino construcciones históricas susceptibles de ser deconstruidas y reinventadas. La literatura contemporánea es heredera directa de esta actitud rupturista, caracterizándose por una gran hibridación y la aparición constante de nuevas formas y etiquetas (autoficción, novela gráfica, etc.).
## Teorías Modernas y Contemporáneas sobre el Género
El siglo XX produjo un profundo replanteamiento teórico del concepto de género, superando la dicotomía entre el prescriptivismo neoclásico y la negación romántica. Una de las críticas más influyentes provino del filósofo idealista italiano Benedetto Croce, quien a principios de siglo declaró que los géneros no existen como entidades reales, sino que son meras abstracciones clasificatorias sin valor estético. Para Croce, cada obra de arte es una intuición única e irrepetible, y juzgarla según un molde genérico es un error. En la acera opuesta, los formalistas rusos (Tynianov, Shklovski) ofrecieron una visión dinámica y sistémica. Para ellos, el género es un sistema en el que los elementos se organizan jerárquicamente. La evolución literaria se produce cuando un elemento secundario pasa a ser dominante, transformando el género. No son categorías fijas, sino que están en constante evolución y diálogo. Esta idea de sistema fue desarrollada por el Círculo Lingüístico de Praga. A mediados de siglo, el crítico canadiense Northrop Frye, en su monumental "Anatomía de la Crítica" (1957), propuso una teoría de los géneros basada en arquetipos. Frye identifica cuatro "mythoi" o narrativas arquetípicas que se corresponden con las estaciones del año: la comedia (primavera), el romance (verano), la tragedia (otoño) y la sátira/ironía (invierno). Su enfoque es transhistórico y busca patrones universales en la literatura. El estructuralismo francés, con figuras como Gérard Genette y Tzvetan Todorov, volvió a un enfoque más descriptivo y taxonómico, analizando las propiedades formales que definen los géneros. Todorov, en su "Introducción a la literatura fantástica", estudió lo fantástico como un género definido por la vacilación del lector entre una explicación racional y una sobrenatural. Teorías más recientes, vinculadas a la pragmática y la estética de la recepción, entienden el género como un "contrato" entre autor y lector, un marco de convenciones que guía la producción y la interpretación del texto. Hoy, se concibe el género como una construcción cultural, histórica y dinámica, un concepto operativo indispensable pero que debe ser aplicado con flexibilidad y conciencia de su complejidad.
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