1.5 Implicaciones didácticas del enfoque comunicativo
Desarrollo del tema
# T1. Lenguaje y comunicación. Competencia lingüística y comunicativa
## 1.1 Definición y naturaleza del lenguaje humano
El lenguaje humano es la facultad más distintiva y compleja de nuestra especie, un sistema de comunicación simbólico que permite la expresión del pensamiento, la interacción social y la transmisión cultural. Su naturaleza ha sido objeto de intenso debate en la lingüística y la filosofía del siglo XX, destacando tres perspectivas fundamentales que han modelado nuestra comprensión actual: la estructuralista, la generativista y la antropológica.
Ferdinand de Saussure, en su Curso de lingüística general (1916), sentó las bases del estructuralismo al proponer una visión del lenguaje como un sistema de signos interrelacionados. Saussure distingue entre lengua (langue), el sistema social y abstracto de signos compartido por una comunidad de hablantes, y habla (parole), el uso individual y concreto de ese sistema. Para él, la lengua es el verdadero objeto de estudio de la lingüística. El signo lingüístico, definido por la unión arbitraria de un significante (imagen acústica) y un significado (concepto), adquiere su valor por oposición a los demás signos del sistema. Esta concepción inmanentista concibe el lenguaje como una estructura formal, autónoma y social, cuya naturaleza es psíquica y convencional.
En radical oposición, Noam Chomsky revolucionó la lingüística con su gramática generativa, expuesta en obras como Estructuras sintácticas (1957) y Aspectos de la teoría de la sintaxis (1965). Chomsky postula una naturaleza biológica e innata del lenguaje. Para él, el lenguaje es una facultad cognitiva, una "gramática universal" precableada en el cerebro humano que permite a cualquier niño adquirir la compleja gramática de su lengua materna a partir de estímulos limitados. Introduce la dicotomía entre competencia (competence), el conocimiento idealizado e inconsciente que el hablante-oyente tiene de su lengua, y actuación (performance), el uso real del lenguaje en situaciones concretas.
Una tercera vía la ofrece la lingüística antropológica, con figuras como Edward Sapir y Benjamin Lee Whorf. La hipótesis de Sapir-Whorf, en sus versiones fuerte (determinismo lingüístico) y débil (relativismo lingüístico), explora la relación entre lenguaje, pensamiento y cultura. Sostiene que la estructura de una lengua particular influye o incluso determina la manera en que sus hablantes perciben y conceptualizan el mundo.
## 1.2 El proceso de comunicación: modelos teóricos
La comunicación es el proceso de transmisión de información entre un emisor y un receptor a través de un código y un canal compartidos. Su estudio sistemático ha dado lugar a diversos modelos teóricos que han intentado esquematizar sus componentes y funcionamiento.
El modelo fundacional es el modelo matemático de la comunicación de Claude Shannon y Warren Weaver (1948), desarrollado en el ámbito de la ingeniería de las telecomunicaciones. Este modelo describe la comunicación como un proceso lineal y unidireccional compuesto por: una fuente de información que produce un mensaje, un transmisor que lo codifica en señales, un canal por el que viajan dichas señales, un receptor que las decodifica y un destino. Un elemento clave del modelo es la fuente de ruido, que puede interferir y distorsionar la señal durante la transmisión. Aunque su enfoque es mecanicista, su terminología (código, canal, ruido) ha sido fundamental para la teoría de la comunicación.
Roman Jakobson, en su ensayo "Lingüística y Poética" (1960), superó la linealidad del modelo anterior al proponer un modelo funcional. Jakobson identifica seis factores constitutivos de todo acto de comunicación verbal: el destinador (emisor), el destinatario (receptor), el contexto (referente del que se habla), el mensaje (la forma del enunciado), el contacto (el canal físico y la conexión psicológica) y el código (el sistema de signos compartido). A cada uno de estos factores le corresponde una función del lenguaje predominante: emotiva, conativa, referencial, poética, fática y metalingüística.
Finalmente, Dell Hymes, desde la etnografía de la comunicación, propuso su modelo SPEAKING (1974) como una herramienta para analizar el evento comunicativo. Los componentes son: Situation (escenario y escena), Participants (participantes), Ends (finalidades y resultados), Act Sequences (secuencia de actos, forma y contenido), Key (tono o modalidad), Instrumentalities (canal y formas de habla), Norms (normas de interacción e interpretación) y Genre (género discursivo). El modelo de Hymes es fundamental porque sitúa el uso del lenguaje en su contexto real, social y cultural.
## 1.3 Competencia lingüística vs. competencia comunicativa
La distinción entre competencia lingüística y competencia comunicativa marca un punto de inflexión en la lingüística y la didáctica de las lenguas, representando el paso de un paradigma formalista a uno funcional y pragmático.
El concepto de competencia lingüística fue acuñado por Noam Chomsky en los años sesenta. Esta competencia es el conocimiento tácito, idealizado y en gran medida innato que un hablante-oyente tiene de las reglas de su lengua (fonología, morfología, sintaxis, semántica). Es un concepto abstracto, individual y mentalista, que se centra en la capacidad de generar y reconocer oraciones gramaticalmente correctas, independientemente de su adecuación contextual o de su uso real en la comunicación. La competencia chomskiana es, por definición, asocial y descontextualizada; el hablante ideal pertenece a una comunidad de habla completamente homogénea.
Fue el sociolingüista y antropólogo Dell Hymes quien, en los años setenta, consideró insuficiente el concepto de Chomsky para explicar el uso real del lenguaje. En su artículo "On Communicative Competence" (1972), Hymes argumenta que un hablante necesita saber mucho más que las reglas gramaticales para poder participar eficazmente en una comunidad de habla. Introduce así el término competencia comunicativa, que define como la capacidad de usar el lenguaje de forma apropiada en diferentes situaciones sociales. Esta competencia incluye no solo si una oración es formalmente posible (gramaticalidad), sino también si es factible (procesable), si es apropiada en relación con el contexto y si se produce de manera efectiva.
Hymes subraya que "un niño adquiere competencia no solo sobre cuándo hablar, sino también sobre cuándo no hacerlo, y sobre qué hablar, con quién, cuándo, dónde y de qué forma". La competencia comunicativa es, por tanto, una capacidad de uso, socialmente dependiente y empíricamente observable. Posteriormente, Michael Canale y Merrill Swain (1980) desarrollaron un modelo de competencia comunicativa con fines pedagógicos que tuvo una enorme influencia en la enseñanza de segundas lenguas.
El modelo de Canale y Swain (1980), posteriormente refinado por Canale (1983), descompone la competencia comunicativa en cuatro subcompetencias fundamentales que interactúan para permitir una comunicación eficaz. Este marco ha sido esencial para el desarrollo del enfoque comunicativo en la enseñanza de lenguas.
La competencia gramatical o lingüística es la base del modelo y se asemeja a la competencia chomskiana. Comprende el conocimiento del código lingüístico en sí mismo, incluyendo el vocabulario, las reglas de formación de palabras (morfología), la pronunciación y ortografía (fonología/grafía) y la estructura de las oraciones (sintaxis). Implica la capacidad de producir y reconocer enunciados gramaticalmente correctos. Aunque es una condición necesaria, no es suficiente para la comunicación.
La competencia sociolingüística se refiere a la capacidad de producir y entender enunciados de manera adecuada dentro de diferentes contextos socioculturales. Esta subcompetencia implica el conocimiento de las normas y convenciones que rigen el uso del lenguaje en una comunidad de habla. Incluye la sensibilidad hacia factores como el estatus de los participantes, los propósitos de la interacción y las normas de cortesía. Por ejemplo, saber cuándo utilizar un registro formal ("usted") o informal ("tú").
La competencia discursiva alude a la capacidad de combinar las formas gramaticales y los significados para lograr un texto oral o escrito unificado y coherente. Se manifiesta a través de dos principios fundamentales: la cohesión, que se refiere a los mecanismos gramaticales y léxicos que enlazan las partes de un texto (conectores, pronombres, sinónimos), y la coherencia, que atañe a la unidad lógica y temática del discurso.
La competencia estratégica es la capacidad de utilizar estrategias de comunicación, tanto verbales como no verbales, para compensar deficiencias en el conocimiento del código o para mejorar la efectividad de la comunicación. Incluyen técnicas como la paráfrasis, el uso de gestos, la petición de aclaraciones o la corrección propia.
## 1.5 Implicaciones didácticas del enfoque comunicativo
La evolución del concepto de competencia lingüística hacia el de competencia comunicativa ha provocado una profunda transformación en la didáctica de las lenguas, dando lugar al enfoque comunicativo. Este paradigma desplaza el foco de la enseñanza desde el conocimiento teórico de las reglas gramaticales hacia el desarrollo de la habilidad de usar la lengua para comunicarse de manera efectiva en situaciones reales.
La principal implicación didáctica es el cambio en el objetivo final del aprendizaje: el fin ya no es saber sobre la lengua, sino saber usarla. Esto se traduce en una metodología centrada en el alumno y orientada a la acción. Las actividades de clase priorizan la interacción y la negociación de significado a través de tareas significativas y contextualizadas, como simulaciones, juegos de rol, debates o la resolución de problemas en la lengua meta. La gramática no se abandona, pero se enseña de manera inductiva y funcional. Se valora la fluidez y la capacidad de hacerse entender tanto como la corrección gramatical, y el error se considera una parte natural del proceso de aprendizaje.
El Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas (MCERL), publicado por el Consejo de Europa en 2001, es el documento que ha institucionalizado y estandarizado el enfoque comunicativo en toda Europa. El MCERL define la competencia comunicativa como la suma de las competencias lingüísticas, sociolingüísticas y pragmáticas. Su aportación más visible son los niveles comunes de referencia (A1, A2, B1, B2, C1, C2), que describen lo que un usuario de la lengua es capaz de hacer en diferentes contextos.
En el currículo español, la legislación educativa vigente (LOMLOE) incorpora plenamente estos principios. La materia de Lengua Castellana y Literatura se articula en torno al desarrollo de la competencia en comunicación lingüística, una de las competencias clave. Se promueve un aprendizaje contextualizado a través de "situaciones de aprendizaje" que plantean al alumnado retos del mundo real, materializando así las teorías de Hymes, Canale y Swain en la práctica educativa diaria.
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