T62. T62. La literatura de vanguardia. Características, autores y obras representativas en la literatura española. Relaciones con las literaturas europeas. — Temario oficial | OPOSGRATIS | OPOSGRATIS
Temario · Llengua castellana i literatura
T62. T62. La literatura de vanguardia. Características, autores y obras representativas en la literatura española. Relaciones con las literaturas europeas.
La Generación del 27 y la asimilación de la vanguardia
Valoración final y presencia en el currículo
Desarrollo del tema
# T62. La literatura de vanguardia. Características, autores y obras representativas en la literatura española. Relaciones con las literaturas europeas.
## Introducción al concepto de Vanguardia
El término 'vanguardia', de origen militar, se aplica al arte y la literatura del primer tercio del siglo XX para designar a una serie de movimientos de ruptura radical con la tradición artística y cultural precedente. Este fenómeno, que surge en el convulso periodo de entreguerras, se caracteriza por un profundo afán de experimentación, originalidad y negación del pasado. Las vanguardias no solo proponen una renovación estética, sino también una nueva forma de entender la relación del arte con la sociedad y la vida. Su base ideológica se nutre de la crisis del positivismo y del racionalismo decimonónico, y se ve impulsada por los avances tecnológicos, las nuevas teorías científicas como la relatividad de Einstein o el psicoanálisis de Freud, y la traumática experiencia de la Primera Guerra Mundial. Los movimientos de vanguardia se articulan a través de manifiestos, en los que exponen sus principios de forma provocadora y programática. Buscan la autonomía del arte, liberándolo de su función mimética y representativa. El lenguaje se convierte en el gran protagonista, explorando sus límites a través de la fragmentación, la simultaneidad de planos, la ruptura de la lógica discursiva y la incorporación de elementos visuales, como en el caso de los caligramas. En España, este espíritu renovador es acogido con entusiasmo por una joven generación de escritores, principalmente poetas, que darán forma a los llamados "-ismos" y sentarán las bases para la revolución poética de la Generación del 27. La legislación educativa actual, en el marco de la LOMLOE, subraya la importancia de estudiar estos movimientos para que el alumnado comprenda la evolución de las formas literarias y su diálogo con el contexto histórico y cultural.
Europa fue el caldo de cultivo de numerosos "-ismos" que se sucedieron y, en ocasiones, convivieron, compartiendo un espíritu de rebeldía pero con propuestas estéticas diversas. El Futurismo, iniciado por Filippo Tommaso Marinetti con su manifiesto de 1909, exalta la máquina, la velocidad y la violencia, rompiendo con la sintaxis tradicional y proponiendo las "palabras en libertad". El Cubismo, aunque de origen pictórico con Picasso y Braque, tiene su correlato literario en autores como Guillaume Apollinaire, quien con sus 'Caligramas' (1918) busca la plasticidad del lenguaje, descomponiendo la realidad en múltiples perspectivas. El Dadaísmo, surgido en Zúrich en 1916 con Tristan Tzara como figura central, es la vanguardia de la negación y el absurdo. Nace como una reacción al sinsentido de la guerra y ataca la propia noción de arte y de lógica, utilizando técnicas como el azar y el 'collage' para crear obras provocadoras y nihilistas. De la evolución del Dadaísmo surgirá en París el movimiento más influyente y duradero: el Surrealismo. André Breton, en su 'Manifiesto del Surrealismo' (1924), lo define como un "automatismo psíquico puro" que intenta expresar el funcionamiento real del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón. Basado en las teorías de Freud sobre el subconsciente y el mundo de los sueños, el Surrealismo explora lo irracional, lo onírico y lo maravilloso a través de técnicas como la escritura automática, la metáfora visionaria y la imagen insólita. Autores como Louis Aragon, Paul Éluard o Robert Desnos son clave en su desarrollo. Estos movimientos no fueron compartimentos estancos; sus ideas circularon por toda Europa, influyéndose mutuamente y llegando a España a través de revistas, viajes y traducciones.
## La vanguardia en España: Ultraísmo y Creacionismo
La recepción de las vanguardias en España se produce principalmente en la década de 1920. Aunque con menos virulencia y una base teórica a menudo importada, los "-ismos" españoles tuvieron una personalidad propia. El Creacionismo, formulado por el poeta chileno Vicente Huidobro durante su estancia en París y Madrid, es uno de los primeros en arraigar. Huidobro defiende que el poeta no debe imitar la realidad, sino crear una nueva. Su lema "hacer un poema como la naturaleza hace un árbol" resume su ideal de autonomía artística. El poema debe ser un objeto nuevo, con sus propias leyes y significados, donde la imagen es el elemento central y no necesita un referente real. Gerardo Diego será su principal seguidor en España, con obras como 'Imagen' (1922) y 'Manual de espumas' (1924). Paralelamente, surge el Ultraísmo, el movimiento más genuinamente español. Liderado por Rafael Cansinos-Assens y aglutinando a jóvenes como Guillermo de Torre, su manifiesto de 1919 aboga por una renovación total de la lírica. Sus rasgos principales son la supresión de la anécdota y de los nexos innecesarios, la condensación en la metáfora como elemento primordial del poema, el uso de imágenes audaces y la eliminación de la rima tradicional, apostando por el verso libre y una disposición tipográfica innovadora. Revistas como 'Grecia', 'Cervantes' o 'Ultra' fueron sus principales órganos de difusión. Aunque fue un movimiento efímero, su afán experimental y su defensa de la metáfora como eje del poema dejaron una huella indeleble en los poetas de la Generación del 27.
## La Generación del 27 y la asimilación de la vanguardia
La Generación del 27 representa la síntesis más brillante entre la tradición literaria española y la modernidad de las vanguardias. Sus miembros no se adscribieron de forma dogmática a un único "-ismo", sino que asimilaron de forma personal y creativa las diversas propuestas vanguardistas. El influjo del Futurismo se aprecia en poemas que cantan al mundo moderno, al cine o al deporte, como en 'Poeta en Nueva York' de Lorca o en ciertos poemas de Alberti. La deshumanización del arte, teorizada por Ortega y Gasset en 1925, y la búsqueda de la "poesía pura" conectan con el ideal de autonomía del arte vanguardista, visible en la primera etapa de Jorge Guillén ('Cántico') o Pedro Salinas. Sin embargo, fue el Surrealismo el movimiento que dejó la huella más profunda y transformadora. A partir de 1928, muchos poetas del 27 adoptan las técnicas surrealistas para explorar las zonas más oscuras de la conciencia humana. La liberación de la imagen, la metáfora visionaria y el versículo irrumpen en obras capitales como 'Poeta en Nueva York' de Federico García Lorca, donde expresa su angustia existencial; 'Sobre los ángeles' de Rafael Alberti, que refleja una profunda crisis personal; o 'Un río, un amor' y 'Los placeres prohibidos' de Luis Cernuda, donde explora el tema del amor y el deseo contra las normas sociales. Vicente Aleixandre, futuro Premio Nobel, hará del Surrealismo el lenguaje principal de toda su obra, con libros como 'Espadas como labios' o 'La destrucción o el amor'. Esta asimilación del Surrealismo no fue una simple imitación, sino una "rehumanización" del movimiento, poniéndolo al servicio de la expresión de las más íntimas angustias del ser humano.
## Valoración final y presencia en el currículo
Las vanguardias literarias supusieron una de las mayores revoluciones estéticas de la historia de la literatura. Su impacto fue tan profundo que sin ellas no podría entenderse la literatura posterior del siglo XX y XXI. Su afán de experimentación abrió caminos inéditos para la expresión poética y narrativa, fragmentando el discurso, subvirtiendo la lógica tradicional y otorgando al lenguaje una autonomía nunca antes vista. Aunque algunos de sus postulados más radicales, como la negación total del pasado, fueron moderándose, su legado pervive en la libertad formal, la audacia metafórica y la conciencia del lenguaje como materia artística. En España, las vanguardias fueron el catalizador que permitió a la Generación del 27 fusionar la herencia de la lírica tradicional (cancioneros, romancero, Góngora) con la más rabiosa modernidad, dando lugar a una de las edades de plata de la literatura española. Su estudio en la Educación Secundaria Obligatoria y el Bachillerato, tal como establece la LOMLOE, es fundamental. El currículo prescribe el análisis de textos de este periodo para que los alumnos reconzcan las principales innovaciones formales y temáticas. Se busca que el estudiante comprenda la ruptura que supusieron, que identifique las características de movimientos como el Surrealismo en los textos del 27 y que valore la experimentación como una forma de enriquecimiento del lenguaje literario. Abordar la vanguardia en el aula permite, además, fomentar una lectura más activa y crítica, y establecer relaciones interdisciplinares con el arte y la música de la misma época, ofreciendo una visión integral de la crisis cultural y la revolución creativa del siglo XX.
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