T57. El Romanticismo. La literatura en el siglo XIX. Prosa, poesía y teatro.
El Romanticismo es un movimiento cultural, artístico y literario que se origina en Alemania y el Reino Unido a finales del siglo XVIII, extendiéndose por toda Europa durante la primera mitad del siglo XIX como una reacción revolucionaria contra el Neoclasicismo y la Ilustración. Frente a la razón, el orden y la norma del siglo XVIII, el Romanticismo exalta la subjetividad, el individualismo, la libertad, los sentimientos desbordantes y la imaginación. Los románticos sienten una profunda insatisfacción con el mundo que les rodee (el llamado 'mal du siècle' o mal del siglo), lo que les lleva a la rebeldía, la evasión en el tiempo (hacia la Edad Media) o en el espacio (hacia lugares exóticos y orientales), y a una fascinación por lo misterioso, lo sobrenatural y la muerte.
En España, la introducción del Romanticismo fue tardía y compleja debido a la convulsa situación política. La Guerra de la Independencia (1808-1814) y el posterior reinado absolutista de Fernando VII (1814-1833) crearon un clima de represión que ahogó las nuevas corrientes culturales. Los liberales, muchos de ellos exiliados en Inglaterra y Francia, entraron en contacto directo con las ideas románticas y fueron los principales introductores del movimiento a su regreso tras la muerte del rey en 1833. Por ello, la explosión del Romanticismo en España se concentra principalmente entre 1833 y 1844. Se suelen distinguir dos corrientes principales: un Romanticismo liberal, más exaltado y revolucionario, representado por autores como José de Espronceda; y un Romanticismo tradicional o conservador, que busca reconciliar la ruptura romántica con los valores católicos y patrióticos tradicionales, cuyo máximo exponente es José Zorrilla. Autores como Juan Nicolás Böhl de Faber, con su defensa del teatro del Siglo de Oro, y el periódico barcelonés "El Europeo" (1823) fueron precursores clave en la difusión de las nuevas ideas estéticas.
La poesía fue el género por excelencia para la expresión del 'yo' romántico. La lírica de este periodo se caracteriza por una polimetría innovadora, rompiendo con las rígidas estrofas neoclásicas para buscar una musicalidad que se adaptara al fluir de los sentimientos. Los temas principales son el reflejo del alma del poeta: el amor apasionado y a menudo imposible, la rebeldía contra las normas sociales y políticas, la naturaleza silvestre y dinámica que refleja el estado de ánimo del autor, la evasión hacia el pasado medieval o lugares lejanos, y una profunda angustia existencial.
El poeta más representativo del Romanticismo liberal y exaltado es José de Espronceda (1808-1842). Su obra es un canto a la libertad y a los personajes marginales que la encarnan, como se ve en su famosa "Canción del pirata". Su poema narrativo más ambicioso es "El estudiante de Salamanca", donde recrea el mito de Don Juan en una atmósfera tétrica y sobrenatural, utilizando una audaz variedad de metros. Otro poema inacabado, "El diablo mundo", es una alegoría filosófica sobre la inocencia y la corrupción del ser humano.
En una etapa posterior, conocida como Post-romanticismo (segunda mitad del siglo XIX), la poesía se vuelve más intimista y contenida. Sus máximos exponentes son Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870) y Rosalía de Castro (1837-1885). Las "Rimas" de Bécquer son poemas breves, de aparente sencillez formal, que exploran temas como la poesía misma, el amor idealizado y el desengaño con un lenguaje sutil y melancólico. Rosalía de Castro, en obras como "Cantares gallegos" y "En las orillas del Sar", expresa una profunda melancolía ('saudade'), la injusticia social y una angustia metafísica, convirtiéndose en una de las voces más personales y modernas de la lírica decimonónica.
Durante el Romanticismo, la prosa experimenta una notable renovación. El género más característico es la novela histórica, inspirada en el modelo del escocés Walter Scott. Este tipo de novela busca la evasión en el pasado, especialmente en la Edad Media, idealizando un mundo de caballeros, damas y conflictos heroicos. Su finalidad no es el rigor histórico, sino crear una atmósfera verosímil para la aventura y la pasión. La primera novela histórica española es "Ramiro, conde de Lucena" (1823) de Rafael Húmara, pero el autor más destacado es Enrique Gil y Carrasco con "El señor de Bembibre" (1844), una obra que combina una trágica historia de amor con una cuidada ambientación en la Castilla medieval del siglo XIV y una prosa de gran calidad lírica.
Paralelamente, surge el costumbrismo, un género que se centra en la descripción de tipos y escenas de la vida contemporánea con un enfoque a menudo satírico o nostálgico. Se desarrolla principalmente a través del artículo de costumbres, publicado en periódicos y revistas, que gozaron de un gran auge en esta época. El costumbrismo es un precedente directo de la futura novela realista. El iniciador fue Serafín Estébanez Calderón ("El Solitario"), pero su figura cumbre es Mariano José de Larra (1809-1837). En sus "Artículos", Larra utiliza la descripción de costumbres ("Vuelva usted mañana", "El castellano viejo") para realizar una crítica social y política mordaz, expresando su frustración ante el atraso y los vicios de la España de su tiempo. Su estilo es enérgico, directo y su visión profundamente pesimista lo convierte en una figura trágicamente romántica.
El teatro fue el campo de batalla donde el Romanticismo se impuso de forma más visible y escandalosa. El drama romántico rompe deliberadamente con las tres unidades neoclásicas (acción, tiempo y lugar). Mezcla lo trágico y lo cómico, la prosa y el verso, y busca provocar emociones fuertes en el espectador a través de tramas complejas llenas de misterio, duelos, amores prohibidos, muertes y un destino trágico que arrastra a los protagonistas. El héroe romántico teatral es un personaje misterioso, valiente y rebelde, marcado por un pasado oscuro y un amor absoluto que le lleva a la destrucción.
El estreno de "Don Álvaro o la fuerza del sino" de Ángel de Saavedra, Duque de Rivas, en 1835, se considera el triunfo oficial del Romanticismo en los escenarios españoles. La obra presenta una estructura episódica que abarca varios años y escenarios, un héroe perseguido por un destino fatal y una escenografía espectacular. Otras obras importantes son "El Trovador" (1836) de Antonio García Gutiérrez, que inspiraría la famosa ópera de Verdi, y "Los amantes de Teruel" (1837) de Juan Eugenio Hartzenbusch.
Sin embargo, la figura más popular y prolífica del teatro romántico fue José Zorrilla (1817-1893), representante del Romanticismo conservador. Su obra más universal es "Don Juan Tenorio" (1844), una reinvención del mito de Don Juan. A diferencia del héroe de Tirso o de Espronceda, el Don Juan de Zorrilla se salva del infierno en el último momento gracias al amor puro y redentor de Doña Inés. Esta visión, que reconcilia la rebeldía con un final católico, aseguró su enorme éxito y pervivencia.
Hacia mediados de la década de 1840, el Romanticismo más exaltado comienza a declinar, dando paso a un periodo de transición conocido como Post-romanticismo. Este movimiento abandona las grandes pasiones y la rebeldía para adoptar un tono más intimista, melancólico y sentimental. En poesía, como ya se ha mencionado, está representado por Bécquer y Rosalía de Castro, cuyas obras se alejan de la grandilocuencia de Espronceda para explorar la subjetividad desde una perspectiva más depurada y personal, anticipando la lírica moderna.
En la prosa, el costumbrismo evoluciona hacia la novela de costumbres y, finalmente, hacia la novela realista. Autores como Fernán Caballero (seudónimo de Cecilia Böhl de Faber) con "La Gaviota" (1849) se consideran precursores del Realismo al combinar elementos románticos y sentimentales con una observación más detallada y objetiva de la realidad social de la España rural. El declive del drama histórico da paso a la alta comedia de autores como Manuel Bretón de los Herreros, que ya se inscribe en un marco burgués y costumbrista.
Didácticamente, el estudio del Romanticismo en la Educación Secundaria Obligatoria, según establece la legislación vigente como la LOMLOE, permite al alumnado comprender la génesis de la sensibilidad moderna, valorar la libertad creativa como un pilar del arte y analizar la relación entre el contexto histórico-social y la producción literaria. Se fomenta la lectura crítica de textos clave para identificar los tópicos románticos (el amor, la muerte, la rebeldía) y analizar los recursos formales que los expresan, conectando el pasado literario con la visión del mundo del estudiante actual.