T6. El proceso de comunicación. La situación comunicativa
El estudio de la comunicación humana ha sido abordado desde diversas disciplinas, generando modelos que intentan esquematizar su complejidad. El primero y más influyente fue el modelo matemático de Claude Shannon y Warren Weaver, expuesto en A Mathematical Theory of Communication (1949). Concebido en el ámbito de la ingeniería de telecomunicaciones, describe la comunicación como un proceso lineal y unidireccional. Sus componentes son: una fuente que genera un mensaje, un transmisor que lo codifica en una señal, un canal por el que viaja dicha señal, un receptor que la decodifica, y un destino. La principal aportación fue el concepto de ruido, cualquier interferencia que degrade la señal. Aunque su simplicidad mecanicista es insuficiente para la comunicación humana, sentó las bases terminológicas para modelos posteriores.
Roman Jakobson, en Lingüística y Poética (1960), superó la linealidad de Shannon-Weaver al proponer un modelo enfocado en los factores del acto verbal y sus funciones inherentes. Identificó seis factores: destinador (emisor), destinatario (receptor), contexto (referente), mensaje, contacto (canal y conexión psicológica) y código. A cada factor le asignó una función del lenguaje predominante (emotiva, conativa, referencial, poética, fática y metalingüística). El modelo de Jakobson fue revolucionario al integrar la intencionalidad del hablante y la naturaleza multifuncional del lenguaje.
Desde la sociolingüística, Dell Hymes criticó los modelos previos y propuso un enfoque etnográfico. En Foundations in Sociolinguistics (1974), desarrolló el modelo SPEAKING para analizar el "evento comunicativo": Setting (escenario), Participants (participantes), Ends (finalidades), Act Sequence (secuencia de actos), Key (tono), Instrumentalities (canal y formas de habla), Norms (normas) y Genre (género). Este modelo subraya que la comunicación es una actividad socialmente situada.
Catherine Kerbrat-Orecchioni, en L'énonciation (1980), criticó el modelo de Jakobson por idealizado. Propuso un modelo que enfatiza la subjetividad y las competencias desiguales de los interlocutores: lingüísticas, paralingüísticas e ideológico-culturales. La comunicación es un proceso de negociación de significados.
Los elementos constitutivos del proceso comunicativo son los pilares sobre los que se articula cualquier acto de intercambio de información.
El emisor (o destinador) es la instancia de la que parte el mensaje. No es meramente un codificador, sino un sujeto con intención comunicativa, conocimientos, creencias y posición social. La construcción del mensaje está determinada por su capital lingüístico y cultural, así como por la imagen que tiene de sí mismo y del receptor. En la comunicación oral, su presencia física aporta información paralingüística crucial.
El receptor (o destinatario) es quien recibe e interpreta el mensaje. Lejos de ser pasivo, es un decodificador activo que realiza un complejo proceso de inferencia. Su interpretación está mediada por sus competencias, expectativas y el conocimiento compartido (o no) con el emisor. La pragmática ha destacado su papel co-creador del sentido. Es fundamental distinguir entre receptor previsto y receptor real.
El mensaje es el contenido informativo, la secuencia de signos producida por el emisor. Su estructura y forma están ligadas a la función del lenguaje predominante, al género discursivo y a la intención comunicativa. El mensaje no contiene el significado intrínsecamente; este se construye en la interacción entre texto y contexto.
El canal es el medio físico a través del cual viaja el mensaje: el aire en la comunicación oral, el papel en la escrita, las ondas electromagnéticas en la radio. Las propiedades del canal imponen restricciones al mensaje.
El código es el sistema de signos y reglas que permite construir y descifrar el mensaje. Aunque el código por antonomasia es la lengua natural, la comunicación es a menudo multicódigo, integrando sistemas no verbales. Para que la comunicación sea exitosa, emisor y receptor deben compartir, al menos parcialmente, el mismo código.
El contexto y el referente son conceptos relacionados pero distintos. El referente es la realidad extralingüística a la que alude el mensaje. El contexto engloba todas las circunstancias pertinentes para la interpretación: situación espacio-temporal, conocimiento compartido, relaciones sociales y discurso previo.
Roman Jakobson, partiendo de los trabajos de Karl Bühler, estableció en Lingüística y Poética (1960) un esquema de seis funciones del lenguaje, cada una orientada hacia uno de los factores de la comunicación. Rara vez aparece una función en estado puro; los mensajes suelen ser multifuncionales, con una función predominante.
La función emotiva o expresiva, centrada en el emisor, manifiesta su estado de ánimo, sentimientos o actitud hacia lo enunciado. Sus marcas lingüísticas son las interjecciones ("¡Ay!"), la primera persona, la entonación exclamativa, los sufijos apreciativos (diminutivos, aumentativos) y el léxico valorativo. Es dominante en confesiones, diarios personales o exclamaciones espontáneas.
La función conativa o apelativa, orientada hacia el receptor, busca influir en su comportamiento o provocar una respuesta. Se manifiesta en vocativos ("Carlos, ven"), imperativos ("Cállate") e interrogativas. Es la función principal en publicidad, propaganda, órdenes y peticiones.
La función referencial o representativa, centrada en el contexto o referente, transmite información objetiva sobre la realidad. Se caracteriza por la tercera persona, el modo indicativo, léxico preciso y ausencia de elementos valorativos. Predomina en textos científicos, noticias e informes técnicos.
La función fática, orientada hacia el canal o contacto, establece, prolonga, interrumpe o verifica la comunicación. Su contenido informativo es prácticamente nulo. Incluye fórmulas de saludo ("Hola"), despedida ("Adiós"), expresiones para mantener la atención ("¿me escuchas?") y muletillas.
La función metalingüística, centrada en el código, utiliza el lenguaje para hablar del propio lenguaje. Se evidencia en preguntas como "¿Qué significa 'pragmática'?" Los diccionarios, gramáticas y clases de lengua son discursos donde es central.
La función poética, orientada hacia el mensaje en sí mismo, pone el foco en la forma, en la construcción estética. Se busca creatividad o belleza mediante recursos retóricos, ritmo y selección léxica. Aunque domina en literatura, también aparece en eslóganes y refranes.
La interpretación de un enunciado depende crucialmente de la situación comunicativa, el conjunto de circunstancias que rodean y dan sentido al acto de comunicación. Este entorno se desglosa en varios tipos de contexto.
El contexto situacional (o extralingüístico) se refiere a las coordenadas de espacio y tiempo en que se produce el enunciado. Elementos como el lugar físico (un aula, una calle), el momento del día o los objetos presentes son fundamentales. Decir "tráeme esa" solo tiene sentido si el receptor comparte el mismo entorno físico y puede identificar el objeto referido.
El contexto sociocultural es un marco más amplio que incluye el conocimiento del mundo, las normas sociales, los valores culturales y las creencias compartidas por una comunidad. Este contexto determina qué es apropiado decir en cada situación, cómo interpretar expresiones idiomáticas y cómo inferir significados implícitos.
El contexto lingüístico o cotexto está formado por el propio discurso que rodea un enunciado: lo dicho antes y después. Permite resolver ambigüedades, interpretar pronombres y mantener la coherencia textual. Por ejemplo, "lo" en "Lo vi ayer" se interpreta por referencia al cotexto previo.
La deixis es el fenómeno lingüístico que ancla el discurso al contexto comunicativo. Hay varios tipos: la deixis personal (yo, tú, nosotros), la deixis espacial (aquí, ahí, allí, esto, eso), la deixis temporal (ahora, ayer, mañana, hoy), la deixis social (usted, tú, tratamientos de cortesía) y la deixis textual o discursiva (lo anterior, lo siguiente). Los elementos deícticos carecen de significado fijo fuera de contexto.
Las presuposiciones son informaciones que el emisor da por conocidas o aceptadas por el receptor. "Juan dejó de fumar" presupone que Juan fumaba antes. Las presuposiciones facilitan la economía comunicativa pero pueden ser manipuladas retóricamente (preguntas con carga: "¿Ya no pegas a tu mujer?").
La competencia comunicativa, concepto introducido por Dell Hymes (1972), engloba no solo el conocimiento gramatical (competencia lingüística de Chomsky), sino también la capacidad de usar el lenguaje de forma apropiada en diferentes contextos sociales. La pragmática ha desarrollado herramientas fundamentales para entender esta competencia en acción.
La Teoría de los Actos de Habla, iniciada por J.L. Austin en Cómo hacer cosas con palabras (1962) y desarrollada por John Searle, parte de la observación de que hablar es actuar. Austin distinguió tres actos simultáneos en cada enunciado: el acto locutivo (decir algo con significado), el acto ilocutivo (la acción que se realiza al decir: prometer, ordenar, preguntar) y el acto perlocutivo (el efecto producido en el receptor: persuadir, asustar, convencer). Searle sistematizó los actos ilocutivos en cinco categorías: asertivos (afirmar), directivos (ordenar, pedir), compromisivos (prometer), expresivos (agradecer, felicitar) y declarativos (declarar culpable, bautizar).
El Principio de Cooperación de Paul Grice (1975) propone que los interlocutores cooperan para que la comunicación sea exitosa. Este principio se despliega en cuatro máximas: Cantidad (información justa, ni más ni menos), Calidad (veracidad, no afirmar lo falso), Relación (relevancia) y Modo (claridad, brevedad, orden). La violación aparente de estas máximas genera implicaturas conversacionales: significados implícitos que el receptor infiere asumiendo que el hablante sigue cooperando.
La Teoría de la Cortesía de Penelope Brown y Stephen Levinson (1987) analiza cómo los hablantes gestionan las relaciones interpersonales. Introduce el concepto de "imagen" (face): la imagen positiva (deseo de ser apreciado) y la imagen negativa (deseo de no ser impuesto). Los actos de habla pueden ser "amenazantes" para la imagen (FTAs: Face Threatening Acts). La cortesía consiste en estrategias para mitigar esas amenazas: cortesía positiva (halagar, mostrar interés), cortesía negativa (ser indirecto, disculparse, impersonalizar), cortesía encubierta (insinuaciones) o evitar el acto.