T63. La lírica en el grupo poético del 27
La Generación del 27 constituye uno de los momentos más brillantes de la historia de la literatura española, un grupo de poetas cuya obra representa la culminación de las vanguardias y una síntesis única entre la tradición literaria española y la modernidad europea. El nombre del grupo procede del homenaje que se rindió a Luis de Góngora en el Ateneo de Sevilla en 1927, en el tricentenario de su muerte, acto que simbolizó la voluntad del grupo de reivindicar una tradición poética culta y formalmente compleja, a menudo denostada por el canon decimonónico.
El contexto histórico en el que surge esta generación es la España de los años 20, una época de gran agitación política y social bajo la dictadura de Primo de Rivera, seguida por la Segunda República (1931-1936), un periodo de intensa modernización y esperanza cultural truncado por la Guerra Civil (1936-1939). Este grupo de poetas, en su mayoría procedentes de la burguesía liberal e intelectual, se formó en instituciones tan prestigiosas como la Residencia de Estudiantes de Madrid, un hervidero de ideas donde convivieron con científicos, artistas y pensadores de la talla de Albert Einstein, Marie Curie o Salvador Dalí. Este ambiente cosmopolita y multidisciplinar fue fundamental para su formación estética, marcada por la influencia del Surrealismo, el Creacionismo y el Futurismo, pero también por un profundo conocimiento de los clásicos españoles como Garcilaso, San Juan de la Cruz o el propio Góngora.
Dámaso Alonso, uno de sus miembros, definió al grupo más como un "grupo generacional" que como una "generación" en el sentido estricto del término, debido a la diversidad de sus estilos. Sin embargo, compartían una serie de rasgos comunes: lazos de amistad personal, participación en actos y revistas comunes (como Litoral o Revista de Occidente), una formación intelectual similar y, sobre todo, una concepción de la poesía como un arte riguroso y autónomo, que busca la belleza a través de la imagen. Su estética se debate constantemente entre la pureza poética y el compromiso humano, una tensión que se agudizará con la llegada de la República y la Guerra Civil, llevando a muchos de ellos al exilio y marcando la disolución trágica del grupo. La legislación educativa actual, en la LOMLOE, subraya la importancia de estudiar estos movimientos como parte fundamental del patrimonio literario y de la memoria histórica.
La poética de la Generación del 27 se caracteriza por una extraordinaria capacidad para la síntesis de elementos aparentemente contrapuestos, lo que constituye su mayor rasgo de originalidad y riqueza. Su lema podría ser, como señaló Pedro Salinas, "equilibrio". En primer lugar, destaca la fusión entre la tradición literaria española y las corrientes de vanguardia europeas. Por un lado, sienten una profunda admiración por la poesía popular y tradicional, como el Romancero y el Cancionero, cuya métrica (octosílabo, verso corto, estribillos) y temática recuperan en obras como el Romancero Gitano de Lorca. Por otro, rinden culto a los grandes maestros del Siglo de Oro (Góngora, Lope, Garcilaso), de quienes aprenden el rigor formal y la riqueza del lenguaje.
Al mismo tiempo, asimilan las propuestas de las vanguardias que llegan de Europa. Del Ultraísmo y el Creacionismo heredan el protagonismo de la metáfora y la imagen como núcleo del poema. La influencia del Futurismo se aprecia en la exaltación de la vida moderna, la máquina y la ciudad, visible en poemas de Alberti o Salinas. Sin embargo, la vanguardia que más profundamente caló en el grupo fue el Surrealismo, a partir de 1928. La exploración del subconsciente, el mundo de los sueños y la liberación del lenguaje a través de la escritura automática y la imagen visionaria (lo que Vicente Aleixandre llamó "la lógica de la sinrazón") marcaron obras capitales como Poeta en Nueva York de Lorca o Sobre los ángeles de Alberti.
Otro eje fundamental es la tensión entre la poesía pura y la poesía humana. En una primera etapa, influidos por Juan Ramón Jiménez, buscan una poesía estilizada, intelectualizada, que sea un objeto artístico autónomo, alejada del sentimentalismo romántico. El poema se concibe como una construcción verbal perfecta, donde la anécdota personal se depura. No obstante, esta búsqueda de la pureza no les impide tratar los grandes temas humanos: el amor, la muerte, el destino, la naturaleza. Con el advenimiento de la República y, sobre todo, la Guerra Civil, esta preocupación por lo humano se intensifica y deriva en una poesía de compromiso político y social, lo que Dámaso Alonso denominó "poesía desarraigada". Finalmente, su métrica también refleja esta síntesis: combinan con maestría las formas clásicas como el soneto o el romance con el verso libre, adaptando el ritmo a las necesidades expresivas del poema.
Aunque la trayectoria de cada poeta es única, se pueden establecer tres etapas principales en la evolución del grupo. La primera, hasta 1928 aproximadamente, es la etapa de formación y juventud, marcada por el anhelo de "poesía pura". Bajo la influencia de Juan Ramón Jiménez y los clásicos, predomina un arte deshumanizado, centrado en la perfección formal y la belleza de la imagen. Es una poesía optimista, a menudo lúdica, que canta a los avances de la técnica y la vida moderna. El estilo es preciso, pulcro, y se prefieren las formas métricas tradicionales y las estrofas clásicas. A esta etapa pertenecen obras como Cántico (primera edición) de Jorge Guillén, Marinero en tierra de Rafael Alberti, o Perfil del aire de Luis Cernuda. Es el momento del neopopularismo (Alberti, Lorca) y la admiración por la estética barroca de Góngora.
La segunda etapa, desde 1928 hasta la Guerra Civil (1936), está marcada por la irrupción del Surrealismo y una progresiva rehumanización. La poesía se vuelve más compleja, angustiada y existencial. Los poetas exploran el subconsciente, los sueños y las pasiones más oscuras del ser humano. El lenguaje se libera, las imágenes se vuelven visionarias e ilógicas, y el verso libre se convierte en el vehículo principal de expresión. El optimismo anterior da paso a una visión conflictiva de la realidad, donde el poeta se enfrenta a una sociedad materialista y deshumanizada. Es la etapa de Poeta en Nueva York de Lorca, Sobre los ángeles de Alberti, La destrucción o el amor de Vicente Aleixandre y los primeros libros de la realidad y el deseo de Cernuda. El compromiso político también comienza a aflorar, especialmente en poetas como Alberti o Miguel Hernández, considerado el epígono del grupo.
La tercera etapa viene determinada por la Guerra Civil y el exilio. La contienda provoca la desintegración del grupo: Lorca es asesinado, Miguel Hernández muere en la cárcel, y la mayoría (Salinas, Guillén, Alberti, Cernuda, Prados) parte a un largo exilio. Solo permanecen en España Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre y Gerardo Diego. La poesía se tiñe de nostalgia por la patria perdida, de dolor por la tragedia colectiva y de una profunda reflexión sobre la condición humana. La poesía del exilio, con la lejanía como tema central, produce obras de gran madurez y hondura. Mientras tanto, en la España de la posguerra, Dámaso Alonso inaugura con Hijos de la ira (1944) la corriente de la "poesía desarraigada", una poesía existencial y directa que expresa la angustia y el desgarro de la vida en un país destruido. Esta etapa supone la culminación y, a la vez, la disolución de la experiencia común del grupo.
Federico García Lorca (1898-1936) es, sin duda, la figura más universal y representativa del grupo. Su obra es una síntesis magistral de lo popular y lo culto, lo tradicional y lo vanguardista. Su universo poético se centra en los grandes temas trágicos: el amor frustrado, el destino, la muerte y la injusticia social. En su primera etapa, con obras como Poema del cante jondo y Romancero Gitano, estiliza el folclore andaluz y el mundo gitano para crear un mito universal sobre la lucha del individuo contra las fuerzas opresoras. Su lenguaje, de una enorme plasticidad, se basa en la metáfora audaz y el símbolo (la luna, el caballo, el verde). Su viaje a Nueva York le sumerge en una profunda crisis personal y creativa, que plasma en Poeta en Nueva York, una obra surrealista de denuncia contra la deshumanización de la sociedad capitalista, escrita en verso libre y con imágenes alucinadas. Su asesinato al inicio de la Guerra Civil lo convirtió en un mártir y un símbolo universal.
Rafael Alberti (1902-1999) es el poeta de la versatilidad. Su obra transita por múltiples estilos con una asombrosa facilidad. Se inicia con el neopopularismo en Marinero en tierra, donde evoca con nostalgia su infancia gaditana a través de canciones ligeras y gráciles. Pasa luego por una fase gongorina con Cal y canto, antes de sumergirse en una crisis existencial que da lugar a su obra cumbre, Sobre los ángeles, un libro surrealista de gran fuerza expresiva donde el poeta, desterrado de su paraíso perdido, dialoga con ángeles caídos. Durante la República, su poesía se carga de compromiso político (El poeta en la calle). Su largo exilio en Argentina e Italia marcará el resto de su obra, siempre con la nostalgia de España como telón de fondo.
Pedro Salinas (1891-1951) es el gran poeta del amor de la generación. Su poesía, de apariencia sencilla y antirretórica, es profundamente conceptual e intelectual. Influido por Garcilaso y la lírica cancioneril, explora el sentimiento amoroso como una vía de conocimiento y una forma de perfeccionar la realidad. Su trilogía amorosa, compuesta por La voz a ti debida, Razón de amor y Largo lamento, es una de las cimas de la poesía amorosa en español. Utiliza un lenguaje depurado, versos cortos y un tono conversacional para analizar las distintas facetas del amor, desde el gozo inicial hasta el dolor de la separación. La amada es para Salinas la interlocutora que da sentido al mundo y al yo poético. Su obra es un ejemplo paradigmático de la "poesía pura" humanizada.
Jorge Guillén (1893-1984) representa la fe en la poesía pura y el optimismo vital. Su gran proyecto poético, titulado Aire nuestro, se compone de tres libros: Cántico, Clamor y Homenaje. Cántico es la exaltación jubilosa del ser y la perfección del universo. Es una poesía intelectual, que busca captar el instante en su plenitud, con un lenguaje exacto y un rigor formal extraordinario, prefiriendo el decasílabo y las estrofas clásicas. Frente a este vitalismo, Clamor introduce una visión más crítica y sombría, reflejando las penalidades históricas (la guerra, el exilio) y el dolor. Su obra es el máximo exponente de una poesía que se recrea en la belleza del mundo y la palabra precisa.
Luis Cernuda (1902-1963) es la voz de la rebeldía y la melancolía. Toda su producción poética se agrupa bajo el título La realidad y el deseo, una crónica de la dolorosa tensión entre sus anhelos personales (el amor, la belleza) y una realidad hostil que los frustra. Su obra evoluciona desde una primera etapa de poesía pura, pasando por un surrealismo muy personal e íntimo, hasta una fase de madurez en el exilio marcada por la influencia de los poetas románticos ingleses y un tono conversacional y meditativo. Cernuda es el poeta de la soledad, del amor homosexual vivido con culpa y marginalidad, y del exilio como destino vital. Su estilo, contenido y antirretórico, busca la autenticidad por encima del virtuosismo.
Vicente Aleixandre (1898-1986), Premio Nobel de Literatura en 1977, es el poeta más puramente surrealista del grupo. Su obra explora la fusión panteísta del ser humano con el cosmos y las fuerzas primigenias de la naturaleza. Libros como Espadas como labios o La destrucción o el amor celebran el amor como una fuerza destructiva y a la vez creadora, que aniquila al individuo para unirlo con la materia universal. Su lenguaje es visionario, de gran riqueza simbólica, y emplea el versículo y la imagen onírica. Tras la guerra, su poesía se vuelve más serena y solidaria, como en Historia del corazón, donde aborda la vida del hombre común. Su magisterio sobre las generaciones posteriores fue inmenso.
Gerardo Diego (1896-1987) encarna la dualidad del grupo. Cultivó simultáneamente una poesía vanguardista, ligada al Creacionismo (Manual de espumas, Imagen), donde el poema es un juego de creación autónoma, y una poesía de corte tradicional y clasicista (Versos humanos, Alondra de verdad), donde demuestra un dominio absoluto del soneto y las formas estróficas clásicas. Esta doble vertiente lo convierte en el perfecto ejemplo de la síntesis entre tradición y vanguardia que define a la Generación del 27.