T60. El Modernismo y la Generación del 98: un análisis histórico, social y estético.
El final del siglo XIX en España está marcado por una profunda crisis a todos los niveles: político, social, económico y, sobre todo, moral. El punto de inflexión es el año 1898, conocido como el "Desastre del 98", fecha en la que España pierde sus últimas colonias de ultramar (Cuba, Puerto Rico y Filipinas) tras una humillante derrota contra Estados Unidos. Este evento no es la causa, sino el síntoma más visible de un largo proceso de decadencia que se arrastraba desde principios de siglo. La Restauración borbónica, con su sistema de alternancia pactada entre conservadores y liberales (el "turnismo"), había generado un sistema político corrupto y alejado de la realidad social del país, basado en el caciquismo y el fraude electoral. A nivel social, persistía una estructura agraria casi feudal, con una enorme masa de campesinos empobrecidos y un proletariado industrial incipiente que comenzaba a organizarse, a menudo influenciado por las corrientes anarquistas y socialistas europeas. Esta situación de crisis generalizada provocó una profunda conmoción en la conciencia nacional, especialmente entre los intelectuales y artistas. La pérdida del imperio tangible fue la metáfora de la pérdida de la identidad y del propósito histórico de España. Es en este caldo de cultivo, en esta atmósfera de pesimismo y cuestionamiento, donde surgen dos movimientos intelectuales y estéticos que intentarán dar respuesta a la crisis: la Generación del 98 y el Modernismo. Aunque con sensibilidades y propuestas a menudo distintas, ambos comparten una misma actitud de descontento con la España de su tiempo y un anhelo de regeneración y europeización, así como una profunda renovación del lenguaje literario y artístico. La crisis de fin de siglo, por tanto, no solo es el telón de fondo, sino el verdadero motor que impulsa la producción de estos autores.
La Generación del 98 es un grupo de escritores, ensayistas y poetas que, a raíz del Desastre de 1898, se sienten impelidos a analizar las causas de la decadencia de España y a proponer vías para su regeneración. El término fue acuñado por Azorín (José Martínez Ruiz) en 1913. Más que una escuela con un programa definido, es un grupo generacional con una sensibilidad común. Sus miembros más destacados son Miguel de Unamuno, Pío Baroja, Ramiro de Maeztu (quienes formaron el llamado "Grupo de los Tres"), Antonio Machado y Ramón María del Valle-Inclán en su primera etapa. Su principal preocupación es el "problema de España". Viajan por la península, especialmente por Castilla, a la que ven como la esencia del alma española, y reflexionan sobre la identidad nacional, la historia y el paisaje. Su visión es a menudo pesimista y crítica, buscando la "intrahistoria" de la que hablaba Unamuno: la vida real y anónima de las gentes que subyace bajo los grandes eventos históricos. Filosóficamente, reciben la influencia de pensadores irracionalistas y existencialistas como Schopenhauer, Kierkegaard y Nietzsche, lo que les lleva a plantearse las grandes preguntas sobre el sentido de la vida, la angustia existencial y la religión. Estilísticamente, reaccionan contra la retórica grandilocuente de la literatura decimonónica. Buscan la precisión, la sobriedad y la naturalidad en la expresión. Valoran el lenguaje castizo y recuperan palabras tradicionales olvidadas. El género predilecto es el ensayo, aunque también cultivaron la novela (la "nivola" unamuniana) y la poesía con un tono reflexivo y filosófico. Su legado es fundamental para entender el pensamiento español del siglo XX.
El Modernismo es un movimiento de renovación estética que surge en Hispanoamérica hacia 1880 y llega a España a finales de siglo, principalmente de la mano del poeta nicaragüense Rubén Darío, cuya obra "Azul..." (1888) se considera fundacional. A diferencia de la Generación del 98, el Modernismo no pone el foco en la preocupación política o social, sino en la búsqueda de la belleza y el arte por el arte. Es un movimiento de evasión de la realidad mediocre a través de la creación de mundos exóticos, refinados y aristocráticos. Sus influencias principales son dos corrientes poéticas francesas: el Parnasianismo, del que toma el anhelo de perfección formal, el gusto por los temas clásicos y exóticos, y el lema de "el arte por el arte"; y el Simbolismo, del que hereda el uso de símbolos, la musicalidad del verso y la sugerencia de estados de ánimo. El Modernismo se caracteriza por un profundo esteticismo. Busca la belleza en todas sus formas, utilizando imágenes plásticas y sensoriales (color, sonido, tacto). El léxico se enriquece con cultismos, neologismos y palabras exóticas. La métrica se renueva de forma radical, experimentando con nuevos ritmos, recuperando versos en desuso como el alejandrino y el eneasílabo, y explorando las posibilidades del verso libre. Los temas predilectos son los ambientes lujosos y lejanos (la Francia versallesca, la mitología griega, el Lejano Oriente), la melancolía, la sensualidad y el erotismo. En España, además de Rubén Darío, sus máximos representantes son Salvador Rueda, Manuel Machado y las primeras etapas de Antonio Machado y Valle-Inclán. Aunque a menudo se le ha tachado de superficial, el Modernismo supuso una revolución del lenguaje poético sin la cual no se puede entender la poesía española posterior.
El debate sobre la relación entre la Generación del 98 y el Modernismo es clásico en la filología hispánica. Durante mucho tiempo se presentaron como movimientos opuestos: el 98 como ético, crítico y de raíz castellana; el Modernismo como estético, cosmopolita y evasivo. Pío Baroja, por ejemplo, siempre rechazó la etiqueta modernista por considerarla retórica y vacía. Sin embargo, la crítica actual, encabezada por autores como Ricardo Gullón o Pedro Salinas, tiende a verlos como dos facetas de una misma renovación profunda de la conciencia y la literatura españolas de fin de siglo. Ambos movimientos comparten un punto de partida: el rechazo a la España de la Restauración y a la estética realista y naturalista que la precedió. Ambos buscan una renovación del lenguaje, aunque con propósitos distintos. La línea divisoria, además, es muy borrosa en muchos autores. Antonio Machado, por ejemplo, comienza con una obra plenamente modernista ("Soledades") para luego evolucionar hacia la reflexión noventayochista de "Campos de Castilla". Valle-Inclán es quizás el mejor ejemplo de síntesis: sus "Sonatas" son la cumbre de la prosa modernista, pero su evolución hacia el esperpento demuestra una conciencia crítica y desgarrada con la realidad española, propia del 98. Se podría concluir que no existe una oposición radical, sino más bien una diferencia de énfasis. El Modernismo sería la vertiente más esteticista y cosmopolita de esa renovación general, mientras que la Generación del 98 sería su vertiente más ética y filosófica, centrada en el "problema de España". Ambos, en última instancia, son hijos de la misma crisis finisecular y suponen el inicio de la llamada "Edad de Plata" de la literatura española.
El estudio del Modernismo y la Generación del 98 se enmarca en el currículo de la Educación Secundaria Obligatoria y Bachillerato, regulado por la Ley Orgánica 3/2020, de 29 de diciembre, por la que se modifica la Ley Orgánica de Educación (LOMLOE). Esta ley enfatiza el desarrollo de la competencia en conciencia y expresión culturales, así como la competencia en comunicación lingüística. El análisis de estos movimientos permite al alumnado comprender la relación entre un contexto histórico de crisis y la producción literaria, fomentando una visión crítica del pasado y del presente. La LOMLOE, a través del Real Decreto 217/2022 para la ESO y el 243/2022 para Bachillerato, establece que los estudiantes deben conocer las principales obras y autores de la literatura española, valorando su contribución al patrimonio cultural. Didácticamente, podemos abordar el tema 60 desde un enfoque competencial. Por ejemplo, mediante el comentario de textos comparados de Unamuno y Rubén Darío, los alumnos pueden identificar las características estilísticas y temáticas de cada movimiento (competencia lingüística). Se puede proponer la realización de proyectos de investigación sobre el contexto histórico del Desastre del 98, utilizando fuentes diversas y herramientas digitales (competencia digital y competencia aprender a aprender). Asimismo, la lectura y debate de ensayos de autores del 98 sobre el "problema de España" puede conectar con la reflexión sobre la identidad y los retos de la sociedad actual, promoviendo la competencia ciudadana. El enfoque de la LOMLOE en situaciones de aprendizaje permite plantear tareas como la creación de una exposición virtual o un podcast que analice la influencia de estos movimientos en el arte y el pensamiento posterior, haciendo que el alumnado sea agente activo de su propio aprendizaje y conecte el contenido curricular con su realidad.