T17. La creatividad y la literatura. Actividades y estrategias para fomentar la creatividad literaria en el aula
La creatividad, definida por autores como Guilford (1950) como la capacidad para generar ideas nuevas y soluciones originales, constituye una de las competencias clave para el desarrollo integral del alumnado en el siglo XXI. La literatura, por su parte, no es solo un objeto de estudio canónico, sino un vehículo excepcional para el desarrollo del pensamiento divergente, la sensibilidad estética y la expresión personal. La legislación educativa española vigente, la LOMLOE (Ley Orgánica 3/2020, de 29 de diciembre), subraya en su preámbulo la necesidad de fomentar la creatividad y el espíritu crítico como pilares de la formación.
El Real Decreto 157/2022, de 1 de marzo, por el que se establecen la ordenación y las enseñanzas mínimas de la Educación Primaria, refuerza esta visión. En el área de Lengua Castellana y Literatura, se busca que el alumnado no solo sea un receptor pasivo de obras literarias, sino un creador activo de sus propios textos. Se promueve un enfoque competencial donde la lectura, la escritura y la oralidad se entrelazan con la imaginación, permitiendo al estudiante explorar mundos posibles y expresar su propia voz a través de la palabra.
Este tema aborda, por tanto, la simbiosis fundamental entre creatividad y literatura. Se explorarán los fundamentos psicopedagógicos de la creatividad, se analizará el papel de la literatura como catalizador de la misma y, finalmente, se ofrecerá un repertorio de actividades y estrategias didácticas concretas para su fomento en el aula de Primaria, todo ello enmarcado en las directrices del currículo actual y las aportaciones de teóricos clave en el campo.
El estudio científico de la creatividad tiene sus raíces en las teorías de Joy Paul Guilford (1950), quien distinguió entre pensamiento convergente (orientado a una única solución correcta) y pensamiento divergente (capaz de generar múltiples respuestas a un problema). El pensamiento divergente es el núcleo del acto creativo y se caracteriza por la fluidez (cantidad de ideas), la flexibilidad (variedad de categorías de ideas), la originalidad (ideas poco comunes) y la elaboración (desarrollo de las ideas). Autores posteriores como Ellis Paul Torrance (1966) desarrollaron tests para medir estas capacidades y adaptarlas al ámbito educativo.
Otro enfoque relevante es el de Edward de Bono (1970) y su concepto de "pensamiento lateral", que propone la resolución de problemas mediante técnicas que evitan el camino lógico tradicional. Su técnica de los "Seis Sombreros para Pensar" es una estrategia excelente para que los alumnos aborden la creación de un personaje o el desarrollo de una trama desde múltiples perspectivas (emocional, lógica, crítica, optimista, etc.), fomentando así la flexibilidad del pensamiento.
Graham Wallas (1926) propuso un modelo clásico del proceso creativo en cuatro fases: preparación (recopilación de información), incubación (periodo de procesamiento inconsciente), iluminación (la aparición súbita de la idea o "¡eureka!") y verificación (la evaluación y desarrollo de la idea). En el aula, el docente debe ser un facilitador de este proceso, proporcionando los estímulos necesarios en la fase de preparación, permitiendo tiempos de reflexión (incubación) y ofreciendo un clima de seguridad donde los alumnos no teman compartir sus "iluminaciones" para luego darles forma.
La literatura es un manantial inagotable de estímulos para la creatividad. Un texto literario no es un producto cerrado, sino una propuesta de diálogo que el lector completa con su propia imaginación y experiencia. Como afirma Umberto Eco en su obra "Lector in fabula" (1979), el texto está lleno de "espacios en blanco" que el lector debe rellenar, convirtiéndose en co-creador de la obra. Esta participación activa es el primer paso para que el alumno pase de ser lector a ser autor.
Gianni Rodari, en su obra fundamental "Gramática de la fantasía" (1973), ofrece un conjunto de técnicas concretas para estimular la imaginación a través del juego con el lenguaje. Técnicas como el "binomio fantástico" (unir dos palabras sin relación aparente, como "perro" y "armario", para crear una historia), las "hipótesis fantásticas" (¿qué pasaría si...?) o la "ensalada de cuentos" (mezclar personajes y tramas de cuentos tradicionales) son herramientas didácticas de un valor incalculable que demuestran que la creatividad se puede enseñar y aprender.
El currículo de Primaria (RD 157/2022) incide en la importancia de la lectura guiada y la conversación literaria. Estas prácticas no solo mejoran la competencia lectora, sino que abren la puerta a la creatividad. Al analizar las decisiones de un autor, la construcción de un personaje o el uso de una metáfora, los alumnos adquieren de forma implícita las herramientas del escritor. La poesía, con su lenguaje connotativo y su ritmo, es especialmente poderosa para fomentar la creatividad, invitando a los niños a jugar con las palabras, crear imágenes y expresar emociones de forma no convencional.
Para traducir los fundamentos teóricos a la práctica docente, es esencial disponer de un repertorio variado de estrategias. Un taller de escritura creativa puede ser una actividad central, estructurada en torno a consignas claras y lúdicas. Por ejemplo, la creación de "greguerías" al estilo de Ramón Gómez de la Serna, la invención de finales alternativos para cuentos populares, o la escritura de "haikus" tras una salida al patio, son actividades que trabajan la capacidad de síntesis, la originalidad y la observación.
Las técnicas surrealistas como el "cadáver exquisito", tanto en su versión narrativa como poética, son excelentes para fomentar la creación colectiva y desinhibir a los alumnos del miedo a la página en blanco. Otra estrategia visualmente potente es el "blackout poetry" o poesía encontrada, que consiste en tomar una página de un periódico o libro viejo y tachar palabras hasta dejar visibles solo aquellas que conforman un poema. Esta técnica ayuda a ver el lenguaje desde una nueva perspectiva y a encontrar significado en lugares inesperados.
El uso de las TIC ofrece nuevas vías para la creación literaria. Herramientas de creación de cómics digitales (como Pixton), aplicaciones para generar nubes de palabras o plataformas para crear libros interactivos (como Book Creator) pueden motivar enormemente al alumnado. Estas herramientas no solo facilitan el proceso de escritura, sino que integran la competencia digital, permitiendo a los estudiantes combinar texto, imagen y sonido para crear obras multimodales, en línea con las competencias descritas en el Perfil de Salida del Alumnado al término de la enseñanza básica.
Evaluar la creatividad es un desafío, ya que no se trata de medir respuestas correctas, sino la calidad del proceso y la originalidad del producto. La evaluación debe ser eminentemente formativa, utilizando herramientas como las rúbricas, que pueden valorar dimensiones como la originalidad de la trama, la coherencia del texto, la riqueza del vocabulario y el uso de recursos literarios. El portfolio del alumno, donde se recogen sus creaciones a lo largo del curso, es un instrumento ideal para observar su evolución y para que el propio estudiante tome conciencia de su progreso.
Es fundamental que el docente actúe como guía y mediador, creando un clima de aula seguro, estimulante y libre de juicios, donde el error se considere una parte natural del proceso creativo. La actitud del profesor, su capacidad para proponer retos atractivos y su valoración del esfuerzo y la originalidad por encima de la perfección normativa son claves para que la creatividad florezca.
En conclusión, fomentar la creatividad literaria en la Educación Primaria es una tarea esencial que trasciende el mero aprendizaje de la lengua. Implica educar personas con mayor capacidad de expresión, con un pensamiento más flexible y crítico, y con una mayor sensibilidad hacia el mundo que les rodea. Al integrar las estrategias aquí expuestas, los docentes pueden convertir el aula en un verdadero laboratorio de palabras donde cada alumno descubra y desarrolle su propia voz, cumpliendo así con uno de los objetivos más ambiciosos y humanizadores de la LOMLOE.