T58. La literatura infantil y juvenil. El hábito lector. Criterios para la selección de textos.
La Literatura Infantil y Juvenil (LIJ) se define como el corpus de obras literarias, tanto de ficción como de no ficción, escritas y diseñadas específicamente para niños y jóvenes, desde las primeras edades hasta la adolescencia. Su naturaleza es compleja y multifacética, ya que no solo busca el goce estético y el entretenimiento, sino que también cumple una función pedagógica, social y cultural fundamental. Autores como Juan Cervera en su obra "La literatura infantil en la educación básica" (1984) la describen como una literatura "ganada" o "de adopción", ya que muchos textos que hoy consideramos clásicos de la LIJ no fueron escritos originalmente para niños, como "Los viajes de Gulliver" de Jonathan Swift.
La LIJ se caracteriza por su transversalidad y su capacidad para integrar múltiples códigos: el verbal y el visual, especialmente en el caso de los álbumes ilustrados. La ilustración no es un mero acompañamiento, sino que dialoga con el texto, lo expande y, en ocasiones, cuenta una historia paralela, como defiende la teórica Teresa Colomer en "La formación del lector literario" (1998). Colomer subraya la importancia de la LIJ en la construcción del imaginario del niño y en su desarrollo cognitivo y emocional.
Legislativamente, la LOMLOE (Ley Orgánica 3/2020, de 29 de diciembre) insiste en el fomento de la lectura como un pilar clave en el desarrollo competencial del alumnado. El Real Decreto 157/2022, de 1 de marzo, por el que se establecen la ordenación y las enseñanzas mínimas de la Educación Primaria, establece en el área de Lengua Castellana y Literatura la necesidad de desarrollar el hábito lector y la competencia literaria, promoviendo la lectura de obras variadas y de calidad. La LIJ se convierte, por tanto, en una herramienta curricular indispensable para alcanzar estos objetivos, proporcionando al alumnado los primeros modelos textuales y las primeras experiencias estéticas que configurarán su futura relación con la literatura.
El hábito lector es la práctica frecuente y autónoma de la lectura por placer, interés y necesidad informativa. Su desarrollo es un proceso complejo influenciado por múltiples factores endógenos y exógenos. Entre los factores clave se encuentran el entorno familiar (la presencia de libros en casa y el modelo de padres lectores), el contexto escolar (la existencia de una biblioteca de aula/centro bien dotada y un plan lector coherente) y las propias características del individuo (motivación, intereses, competencia lectora). Autores como Daniel Pennac en "Como una novela" (1992) defienden la lectura como un acto de libertad y placer, no como una imposición. Pennac propone los "derechos del lector", como el derecho a no leer, a saltarse páginas o a no terminar un libro, como estrategia para desmitificar la lectura y acercarla al niño de una forma más amable y menos prescriptiva.
En el ámbito escolar, la promoción del hábito lector debe ser sistemática y planificada. El Plan de Fomento de la Lectura del centro educativo es el documento que debe articular todas las actuaciones. Las estrategias a implementar son variadas:
El objetivo final, en línea con las directrices de la LOMLOE, es formar lectores competentes, críticos y autónomos capaces de disfrutar de la lectura a lo largo de toda su vida.
La selección de textos es una de las tareas más importantes del docente de Lengua Castellana y Literatura. Una elección acertada puede despertar la curiosidad y el amor por la lectura, mientras que una inadecuada puede generar rechazo. Los criterios de selección deben ser rigurosos y equilibrados, atendiendo a diversos factores. No se trata solo de elegir "buenos libros", sino los libros adecuados para un grupo de alumnos concreto en un momento determinado.
Los criterios se pueden agrupar en varias categorías:
La Literatura Infantil y Juvenil abarca todos los grandes géneros literarios, adaptándolos a las características y necesidades de sus destinatarios. Ofrecer una dieta literaria variada en cuanto a géneros es fundamental para formar lectores completos y con un amplio horizonte de expectativas.
La selección de textos debe garantizar un equilibrio entre estos géneros, permitiendo a los alumnos explorar diferentes formas de expresión literaria y descubrir sus preferencias personales.
La biblioteca escolar es el corazón de la vida cultural del centro y un agente fundamental en el fomento del hábito lector. Lejos de ser un mero almacén de libros, debe concebirse como un Centro de Recursos para la Enseñanza y el Aprendizaje (CREA), un espacio dinámico, acogedor y accesible que apoye el desarrollo del currículo y ofrezca oportunidades para el aprendizaje autónomo y el ocio cultural. Su organización y gestión deben estar integradas en el Proyecto Educativo del Centro y contar con un responsable (idealmente, un maestro con formación específica) y un equipo de apoyo.
La biblioteca de aula complementa y acerca los recursos de la biblioteca central al entorno más inmediato del alumno. Es un espacio más pequeño y manejable, cuya colección se selecciona cuidadosamente en función de los intereses y el nivel lector del grupo-clase, así como de los proyectos que se estén desarrollando. Debe ser un rincón vivo, gestionado con la participación de los propios alumnos (p.ej., mediante "encargados de biblioteca"), lo que fomenta su responsabilidad y sentido de pertenencia.
Las funciones de estas bibliotecas son múltiples:
Una biblioteca bien dotada y dinamizada, tanto a nivel de centro como de aula, es la mejor garantía para la formación de una comunidad de lectores, tal y como promueven los planes de lectura y las directrices de la legislación educativa vigente.