T2. Teorías lingüísticas actuales
El estructuralismo representa la primera gran revolución científica en la lingüística del siglo XX, desplazando el enfoque historicista y comparatista del siglo XIX para centrarse en el estudio de la lengua como un sistema autónomo y sincrónico. Su fundador, Ferdinand de Saussure, sentó las bases de esta corriente en su Curso de lingüística general (publicado póstumamente en 1916). Saussure concibe la lengua como un "sistema de valores" donde cada elemento se define no por su esencia, sino por sus relaciones de oposición y diferencia con los demás.
Propuso dicotomías fundamentales que han marcado toda la lingüística posterior: la distinción entre lengua (el sistema social, abstracto y colectivo de signos) y habla (el uso individual y concreto de ese sistema); y entre sincronía (el estudio del estado de una lengua en un momento dado) y diacronía (su evolución en el tiempo), priorizando el enfoque sincrónico. Su definición del signo lingüístico como una entidad psíquica de dos caras —significante (imagen acústica) y significado (concepto)—, cuya relación es arbitraria, fue decisiva para la lingüística moderna.
A partir de Saussure, surgieron diversas escuelas. La Escuela de Praga, con figuras como Roman Jakobson y Nikolái Trubetzkoy, desarrolló la fonología como disciplina, introduciendo el concepto de fonema como la unidad mínima distintiva, definida por un haz de rasgos distintivos. Aunque estructuralistas, adoptaron una perspectiva funcionalista, al considerar que la lengua es un sistema de medios de expresión apropiados para un fin comunicativo.
El Círculo Lingüístico de Copenhague, liderado por Louis Hjelmslev, llevó el formalismo saussureano a su extremo con la glosemática, una teoría que pretendía ser un "álgebra" del lenguaje, analizando las relaciones puramente formales y distinguiendo planos de expresión y contenido. Por su parte, el estructuralismo americano, de corte conductista y antimentalista, se centró en la metodología descriptiva. Leonard Bloomfield, en su obra Language (1933), propuso un análisis distribucional basado en la segmentación y clasificación de los elementos a partir de su entorno en el corpus. Su discípulo, Zellig Harris, con su análisis de las transformaciones, sentó un precedente directo para la gramática generativa de Chomsky.
La publicación de Estructuras sintácticas (1957) por Noam Chomsky supuso una segunda revolución lingüística, frontalmente opuesta al estructuralismo americano. Chomsky criticó el enfoque taxonómico y descriptivo, argumentando que una gramática debe ser explicativa y predictiva. Su propuesta es mentalista: el objeto de estudio de la lingüística es la competencia del hablante-oyente ideal, un conocimiento tácito e interiorizado de las reglas de su lengua, y no la actuación, que es el uso concreto y a menudo imperfecto de ese conocimiento. La gramática debe ser un modelo de esa competencia, un sistema de reglas capaz de generar todas y solo las oraciones gramaticales de una lengua.
Un pilar de su teoría es el innatismo. Chomsky postula la existencia de una Gramática Universal (GU), una dotación biológica específica de la especie humana para el lenguaje. Basándose en el argumento de la "pobreza del estímulo" —los niños adquieren un sistema lingüístico complejo a partir de datos limitados e imperfectos—, sostiene que nacemos con un conjunto de principios universales e invariables (como la dependencia de la estructura) y parámetros que se fijan según la lengua a la que estamos expuestos (como el parámetro pro-drop). La teoría ha evolucionado desde el modelo de Aspectos de la teoría de la sintaxis (1965), con su estructura profunda y superficial, hacia modelos más abstractos como la Teoría de la Rección y el Ligamiento.
En los años noventa, Chomsky inició el Programa Minimalista, un marco de investigación que busca reducir la teoría a los principios más elementales y económicos. La facultad del lenguaje se concibe como un sistema computacional "perfecto" que interactúa con dos interfaces: la Articulatorio-Perceptual (Forma Fonética) y la Conceptual-Intencional (Forma Lógica). Las operaciones se simplifican a una operación básica, Ensamble (Merge), que combina objetos sintácticos para crear estructuras jerárquicas. El objetivo es explicar por qué el lenguaje humano tiene las propiedades que tiene, asumiendo un diseño óptimo.
Como reacción al formalismo abstracto de la gramática generativa, la lingüística funcional engloba un conjunto de teorías que priorizan la función comunicativa del lenguaje. Para los funcionalistas, la estructura gramatical no es autónoma, sino que está moldeada y explicada por las funciones que desempeña en la interacción social. No se preguntan solo "qué es" la estructura, sino "por qué" es como es.
La Gramática Sistémico-Funcional de M.A.K. Halliday es una de las propuestas más influyentes. Halliday concibe el lenguaje como un "potencial de significado" social. La gramática es un sistema de opciones (paradigmático) a partir de las cuales los hablantes eligen para construir textos (sintagmático). Sostiene que toda la organización del lenguaje deriva de tres metafunciones simultáneas: la ideacional (para representar la experiencia del mundo), la interpersonal (para establecer y mantener relaciones sociales) y la textual (para crear mensajes coherentes y relevantes en su contexto).
El contexto de situación, analizado a través de las variables de campo (la actividad social), tenor (las relaciones entre participantes) y modo (el papel del lenguaje en la interacción), es fundamental para explicar las elecciones lingüísticas. Esta gramática ha tenido enorme influencia en el análisis del discurso, la educación lingüística y los estudios de género textual.
Otra corriente importante es la Gramática Funcional de Simon Dik, que define la lengua como un "instrumento de interacción social". Su modelo presenta la oración con una estructura en capas, donde se distinguen funciones semánticas (Agente, Paciente), sintácticas (Sujeto, Objeto) y pragmáticas (Tema, Foco), cada una operando en niveles distintos. Por su parte, la Gramática del Rol y la Referencia, desarrollada por Robert Van Valin, se centra en la interfaz entre sintaxis, semántica y pragmática, proponiendo una descomposición léxica de los predicados y un análisis de la transitividad.
La lingüística cognitiva, surgida en los años ochenta, se opone radicalmente a la autonomía de la sintaxis chomskiana. Postula que el lenguaje no es un módulo cognitivo separado, sino que se fundamenta en capacidades cognitivas generales como la percepción, la atención y la memoria. Para esta corriente, el significado es el elemento central y se entiende como conceptualización, es decir, el modo en que organizamos nuestro conocimiento del mundo a través de la experiencia. La gramática es, por tanto, simbólica y está motivada semánticamente.
Una de las aportaciones más célebres es la teoría de la metáfora conceptual, desarrollada por George Lakoff y Mark Johnson en Metáforas de la vida cotidiana (1980). Argumentan que la metáfora no es un mero adorno del lenguaje, sino un mecanismo cognitivo fundamental mediante el cual comprendemos un dominio conceptual abstracto (dominio destino) en términos de otro más concreto y experiencial (dominio fuente). Estructuras como "UNA DISCUSIÓN ES UNA GUERRA" (con expresiones como ganar un argumento, atacar un punto débil) o "EL TIEMPO ES DINERO" (gastar tiempo, ahorrar horas) demuestran que nuestro sistema conceptual está estructurado metafóricamente.
Ronald Langacker, con su Gramática Cognitiva, propone que la gramática está formada por un inventario estructurado de unidades simbólicas, que son pares de una estructura fonológica y una estructura semántica. No hay distinción entre léxico y gramática, sino un continuo de unidades simbólicas.
Por su parte, Charles Fillmore desarrolló la Semántica de Marcos (Frame Semantics), que sostiene que el significado de las palabras solo puede entenderse en el contexto de un marco, una estructura de conocimiento enciclopédico basada en la experiencia. Por ejemplo, para entender el verbo comprar, es necesario activar un marco de "TRANSACCIÓN COMERCIAL" que incluye roles como comprador, vendedor, mercancía y dinero.
La pragmática se ocupa del estudio del significado lingüístico en su contexto de uso, analizando la brecha entre lo que se dice literalmente (el significado oracional) y lo que se pretende comunicar (el significado del hablante). Ha sido fundamental para entender fenómenos que escapan al análisis puramente gramatical o semántico.
La Teoría de los Actos de Habla, iniciada por J.L. Austin en Cómo hacer cosas con palabras (1962) y desarrollada por su discípulo John Searle, fue fundacional. Austin observó que al emitir un enunciado realizamos acciones. Distinguió tres actos simultáneos: el acto locutivo (el acto de decir algo con un significado), el acto ilocutivo (la acción que se realiza al decir algo, como ordenar, prometer o preguntar) y el acto perlocutivo (el efecto que se produce por decir algo, como persuadir o asustar). Searle sistematizó el estudio de la fuerza ilocutiva, proponiendo una taxonomía de actos de habla: asertivos, directivos, compromisivos, expresivos y declarativos.
Paul Grice propuso que la conversación es una actividad racional y cooperativa regida por el Principio de Cooperación: "Haga su contribución a la conversación tal y como lo exige el propósito o la dirección del intercambio". Este principio se despliega en cuatro máximas: Cantidad (dar la información justa), Calidad (ser veraz), Relación (ser relevante) y Modo (ser claro). Lo más interesante de su propuesta es el concepto de implicatura conversacional: un significado implícito que el oyente infiere cuando un hablante parece violar una máxima.
Finalmente, la Teoría de la Relevancia de Dan Sperber y Deirdre Wilson propone que la comunicación es un proceso ostensivo-inferencial donde el hablante provee evidencia de su intención y el oyente infiere dicha intención. El principio de cooperación se reduce a un único principio cognitivo: la relevancia. La cognición humana está orientada a maximizar la relevancia, buscando el mayor efecto cognitivo con el menor esfuerzo de procesamiento.