T3. Lenguaje y pensamiento. La adquisición del lenguaje
La relación entre lenguaje y pensamiento ha sido uno de los debates más fascinantes de la lingüística, la psicología y la filosofía. ¿Determina el lenguaje nuestra forma de pensar o es un mero instrumento de expresión de un pensamiento previo? Las principales posiciones teóricas pueden agruparse en cuatro corrientes fundamentales: el relativismo lingüístico, el universalismo, el constructivismo y el socioconstructivismo.
La hipótesis de Sapir-Whorf, formulada por Edward Sapir y su discípulo Benjamin Lee Whorf en las décadas de 1930-1940, sostiene que la estructura de una lengua influye o determina la cognición de sus hablantes. En su versión fuerte (determinismo lingüístico), el lenguaje determina el pensamiento; en su versión débil (relativismo lingüístico), lo influye. Whorf estudió las lenguas amerindias, especialmente el hopi, y concluyó que hablantes de lenguas distintas perciben el mundo de manera diferente. Por ejemplo, argumentó que el sistema temporal del hopi difería radicalmente del de las lenguas europeas.
En oposición radical, Noam Chomsky defiende el universalismo lingüístico. Para Chomsky, existe una Gramática Universal (GU) innata, común a toda la especie humana, que subyace a todas las lenguas. El lenguaje no determina el pensamiento, sino que ambos derivan de una facultad cognitiva común. Las diferencias entre lenguas son superficiales; los principios profundos son universales. La capacidad lingüística es un módulo cognitivo independiente, genéticamente programado.
Jean Piaget, desde el constructivismo, sostiene que el pensamiento precede al lenguaje. En su teoría del desarrollo cognitivo, el lenguaje es una manifestación de una función simbólica más amplia que emerge en el período preoperacional (2-7 años). El niño construye estructuras cognitivas mediante la interacción con el entorno (asimilación y acomodación), y el lenguaje es un sistema de representación que refleja, pero no determina, el desarrollo intelectual.
Lev Vygotsky, desde el socioconstructivismo, propone una posición integradora. En Pensamiento y lenguaje (1934), argumenta que pensamiento y lenguaje tienen orígenes independientes pero convergen en el desarrollo: el pensamiento se verbaliza y el lenguaje se intelectualiza. El lenguaje no solo expresa el pensamiento, sino que lo transforma y lo regula mediante el habla interna.
Las teorías innatistas, cuyo máximo exponente es Noam Chomsky, sostienen que la capacidad para adquirir el lenguaje es innata, genéticamente determinada y específica de la especie humana. Esta perspectiva revolucionó el estudio de la adquisición lingüística en los años sesenta.
Chomsky propuso la existencia de un Dispositivo de Adquisición del Lenguaje (DAL o LAD, Language Acquisition Device), un mecanismo mental innato que permite al niño procesar el input lingüístico y extraer las reglas gramaticales de su lengua materna. Este dispositivo contiene la Gramática Universal, un conjunto de principios y parámetros comunes a todas las lenguas humanas. Los principios son invariables (como la dependencia estructural), mientras que los parámetros pueden fijarse de diferentes maneras según la lengua (como el parámetro del sujeto nulo o pro-drop).
El argumento central es el de la "pobreza del estímulo": los datos lingüísticos a los que está expuesto el niño son limitados, fragmentarios, a menudo agramaticales y nunca incluyen "evidencia negativa" explícita (información sobre qué es incorrecto). Sin embargo, en pocos años, el niño desarrolla una competencia gramatical compleja que le permite producir y comprender un número infinito de oraciones, incluyendo muchas que nunca ha oído. Esta discrepancia entre input y output solo puede explicarse, según Chomsky, por la existencia de conocimiento lingüístico innato.
Eric Lenneberg, en su obra Fundamentos biológicos del lenguaje (1967), aportó evidencia empírica al innatismo mediante el concepto de período crítico. Lenneberg argumentó que existe una ventana temporal óptima para la adquisición del lenguaje, aproximadamente hasta la pubertad, determinada por la maduración neurológica. Estudios de casos como el de "Genie", una niña aislada hasta los 13 años, parecen confirmar que la adquisición plena del lenguaje fuera de este período es extremadamente difícil. Tras la pubertad, la plasticidad cerebral disminuye y la lateralización hemisférica se completa, dificultando la adquisición nativa.
Antes de la revolución chomskiana, el conductismo dominaba el estudio de la adquisición del lenguaje. B.F. Skinner, en su obra Verbal Behavior (1957), propuso que el lenguaje se adquiere como cualquier otra conducta: mediante mecanismos de condicionamiento operante. Para Skinner, el habla es una "conducta verbal" modelada por el refuerzo del entorno.
Según esta perspectiva, el niño produce vocalizaciones aleatorias; cuando estas se aproximan a palabras de la lengua del entorno, los adultos las refuerzan (con atención, aprobación, satisfacción de necesidades). Mediante imitación y refuerzo selectivo, el niño va adquiriendo el repertorio verbal de su comunidad. El lenguaje no requiere capacidades innatas específicas; es simplemente una conducta aprendida a través de la experiencia.
Chomsky demolió esta posición en su famosa reseña de Verbal Behavior (1959), argumentando que el conductismo no puede explicar la creatividad lingüística (la capacidad de producir oraciones nunca oídas), la regularidad de los errores infantiles (que muestran la aplicación de reglas, no imitación ciega), ni la rapidez y uniformidad de la adquisición. El input es demasiado pobre para explicar el output; debe existir conocimiento innato.
Desde el cognitivismo, Jean Piaget ofreció una alternativa tanto al conductismo como al innatismo específico de Chomsky. Para Piaget, el lenguaje no es una facultad innata separada, sino una manifestación de capacidades cognitivas generales que se desarrollan por estadios. La función simbólica, que incluye el lenguaje, el juego simbólico y la imitación diferida, emerge en el período preoperacional como resultado de la construcción activa del conocimiento por parte del niño.
El desarrollo lingüístico está subordinado al desarrollo cognitivo general. Por ejemplo, la adquisición de términos relativos como "más grande" o "antes" depende de la comprensión previa de estas relaciones. El lenguaje, para Piaget, es un sistema de representación entre otros, no una facultad especial. Las estructuras cognitivas deben estar maduras para que emerja la competencia lingüística correspondiente.
Frente al innatismo chomskiano y al constructivismo piagetiano, el interaccionismo social enfatiza el papel del contexto sociocultural y la interacción con otros hablantes en la adquisición del lenguaje. Sus principales representantes son Lev Vygotsky y Jerome Bruner.
Vygotsky, en su obra Pensamiento y lenguaje (1934), propuso que las funciones psicológicas superiores, incluyendo el lenguaje, se desarrollan primero en el plano interpsicológico (social, entre personas) y luego se interiorizan en el plano intrapsicológico (individual). El lenguaje tiene un origen social: el niño aprende a hablar en interacción con adultos competentes y, posteriormente, interioriza esa herramienta para regular su propio pensamiento (habla interna o egocéntrica).
Concepto fundamental es la Zona de Desarrollo Próximo (ZDP), definida como la distancia entre lo que el niño puede hacer solo y lo que puede lograr con la ayuda de un adulto o un compañero más competente. El aprendizaje, incluido el lingüístico, se produce precisamente en esta zona, cuando el adulto proporciona el apoyo necesario (andamiaje) para que el niño alcance niveles que no lograría independientemente.
Jerome Bruner desarrolló estas ideas en el ámbito de la adquisición del lenguaje. En oposición al DAL chomskiano, propuso el LASS (Language Acquisition Support System o Sistema de Apoyo para la Adquisición del Lenguaje): el conjunto de estrategias que los cuidadores utilizan para facilitar la adquisición lingüística del niño. El concepto de andamiaje (scaffolding) es central: los adultos simplifican y estructuran las tareas lingüísticas, ajustando su habla a las capacidades del niño y proporcionando modelos comprensibles.
Bruner estudió los formatos de interacción, rutinas predecibles (como el juego de "cucú-tras" o la lectura de cuentos) que proporcionan un contexto estructurado para la adquisición. El habla dirigida al niño (motherese o baby talk), con su entonación exagerada, estructuras simplificadas y vocabulario redundante, es vista como una adaptación funcional que facilita el aprendizaje. Para Bruner, el lenguaje se adquiere como instrumento para la acción social, no como sistema formal abstracto.
La adquisición del lenguaje es un proceso asombrosamente rápido y regular en todas las culturas, lo que sugiere tanto una base biológica como un papel crucial del input social. Los investigadores han identificado etapas relativamente universales en este desarrollo.
El período prelingüístico (0-12 meses) se caracteriza por vocalizaciones no verbales que preparan el aparato fonador y establecen las bases de la comunicación. Incluye el llanto comunicativo, el arrullo (2-3 meses), el balbuceo reduplicativo (6-7 meses: "ba-ba-ba") y el balbuceo variado (9-10 meses), que ya incorpora patrones entonativos de la lengua del entorno. Hacia el final de este período aparecen las primeras palabras y la comprensión de palabras frecuentes.
La etapa holofrástica (12-18 meses) se caracteriza por el uso de palabras aisladas con valor de oración completa. Una sola palabra como "agua" puede significar "quiero agua", "eso es agua" o "el agua se ha caído", según el contexto. El vocabulario crece lentamente al principio (unas 50 palabras a los 18 meses) y está dominado por sustantivos concretos del entorno inmediato.
Entre los 18 y los 24 meses se produce la "explosión léxica", un crecimiento acelerado del vocabulario que puede alcanzar varias palabras nuevas al día. Simultáneamente aparece el habla telegráfica: combinaciones de dos o más palabras sin elementos gramaticales ("mamá leche", "más galleta"). Estas combinaciones siguen un orden consistente que revela conocimiento gramatical incipiente.
A partir de los 2-3 años, el niño comienza a adquirir la gramática de su lengua: morfemas gramaticales (plural, tiempos verbales), estructuras oracionales más complejas (negación, interrogación, subordinación). Es característico el fenómeno de la sobrerregularización, donde el niño aplica reglas morfológicas de manera excesiva ("yo sabo", "ponido"), demostrando que no imita simplemente, sino que abstrae y aplica reglas.
Hacia los 5-6 años, la competencia gramatical básica está esencialmente completa. El desarrollo posterior incluye la ampliación del vocabulario, el dominio de estructuras complejas (pasivas, relativas), las habilidades metalingüísticas y la adquisición de la lectoescritura.