Introducción: Poesía en la posguerra, el contexto del Franquismo
La Poesía Arraigada y Desarraigada en los años 40
La Poesía Social de los años 50
La Generación del 50 o los 'Niños de la Guerra'
De los 'Novísimos' a la Poesía de la Experiencia y la Actualidad
Desarrollo del tema
# T68. La poesía española a partir de 1940
## Introducción: Poesía en la posguerra, el contexto del Franquismo
La poesía española de posguerra se desarrolla en un contexto de profunda crisis social, política y cultural, marcado por el fin de la Guerra Civil en 1939 y el inicio de la dictadura del General Franco. Este período se caracteriza por la represión, la censura y el exilio de una gran parte de la intelectualidad española, lo que supuso una ruptura traumática con la brillante tradición literaria de la Edad de Plata, especialmente con la Generación del 27. En los primeros años de la década de los 40, el panorama poético se encuentra dividido entre la poesía del exilio, que continúa y evoluciona las líneas de la generación anterior, y la poesía que se escribe dentro de España, fuertemente condicionada por las circunstancias. La censura franquista impone una serie de temas y enfoques, promoviendo una literatura de evasión, de exaltación patriótica y religiosa, y de valores tradicionales. En este contexto, surge una poesía oficialista, de corte clasicista y tono heroico, que encuentra su principal órgano de difusión en la revista "Garcilaso". Sin embargo, frente a esta corriente, pronto aparecerá una poesía crítica y existencialista, que refleja el malestar y la angustia del ser humano en un mundo hostil. La legislación educativa de la época, como la Ley de Ordenación de la Enseñanza Media de 1953, consolidaba un modelo educativo que marginaba la literatura contemporánea y crítica, por lo que el conocimiento de estos autores se producía a menudo al margen de las instituciones. La influencia del existencialismo de autores como Jean-Paul Sartre y Albert Camus, así como el redescubrimiento de la poesía social de Antonio Machado y Miguel Hernández, serán fundamentales para entender la evolución de la lírica en esta primera etapa. La década de los 40, por tanto, se define por esta tensión entre una poesía "arraigada", conformista con el régimen, y una poesía "desarraigada", que expresa el desarraigo y la zozobra del individuo.
## La Poesía Arraigada y Desarraigada en los años 40
La década de 1940 ve nacer dos corrientes poéticas antagónicas que reflejan la fractura ideológica de la España de posguerra. Por un lado, la poesía arraigada, cuyo órgano de expresión fue la revista "Garcilaso" (1943-1946), aglutina a poetas afines al régimen franquista como Luis Rosales, Leopoldo Panero o Dionisio Ridruejo. Esta corriente se caracteriza por un retorno a las formas clásicas, especialmente el soneto, y una temática centrada en el amor, la familia, la patria y la religión, desde una perspectiva serena y ordenada. Formalmente, buscan la perfección del verso y una lengua pulcra y cuidada, en la línea de Garcilaso de la Vega, de ahí el nombre de la revista. Su visión del mundo es optimista y conformista, obviando la trágica realidad social del país. Frente a ellos, surge la poesía desarraigada, cuyo inicio simbólico se sitúa en la publicación de "Hijos de la ira" (1944) de Dámaso Alonso y "Sombra del paraíso" (1944) de Vicente Aleixandre, ambos miembros de la Generación del 27 que permanecieron en España. Esta corriente, cuyo cauce de expresión será la revista "Espadaña" (1944-1951), se caracteriza por un profundo sentimiento de angustia existencial y desarraigo. Los poetas desarraigados, como Victoriano Crémer, Eugenio de Nora o Blas de Otero en sus inicios, utilizan un lenguaje directo, bronco y a menudo prosaico, rompiendo con la estética clasicista. El verso libre es la forma predilecta para expresar la rabia, la injusticia y la búsqueda de un Dios que parece haber abandonado al hombre. La temática se centra en el dolor, la muerte, la soledad y la alienación del ser humano en un mundo caótico y sin sentido. Es una poesía de testimonio y de denuncia implícita, que abre el camino a la poesía social de la década siguiente. Ambas corrientes, aunque opuestas, comparten una misma raíz: la experiencia traumática de la Guerra Civil, que en unos se traduce en un intento de reconstrucción de un orden perdido y en otros en la expresión desgarrada de su destrucción.
## La Poesía Social de los años 50
Agotado el existencialismo de la década anterior, la poesía española de los años 50 experimenta un giro hacia lo social, influida por un contexto de ligera apertura del régimen y por la necesidad de denunciar las injusticias y la falta de libertad. Los poetas sociales conciben la poesía como un instrumento de comunicación y de transformación de la realidad. Su lema podría resumirse en la famosa cita de Gabriel Celaya: "La poesía es un arma cargada de futuro". El objetivo ya no es expresar la angustia individual, sino la de toda una colectividad. Se abandona el "yo" por el "nosotros". Los principales representantes de esta corriente son Blas de Otero, con libros fundamentales como "Pido la paz y la palabra" (1955) y "Ancia" (1958), Gabriel Celaya con "Cantos Íberos" (1955) y José Hierro, quien, aunque con una voz más personal, comparte la preocupación social en obras como "Quinta del 42" (1952). La poesía social se dirige a "la inmensa mayoría", en palabras de Blas de Otero, buscando un lenguaje claro, directo y accesible, a menudo cercano al prosaísmo, para llegar al mayor número de lectores posible. La temática se centra en la denuncia de la injusticia, la alienación en el trabajo, la falta de libertad y la esperanza en un futuro mejor. Se canta a España como un espacio de dolor y de lucha. Formalmente, aunque no renuncian al soneto o a otras formas clásicas, predomina el verso libre y un tono conversacional y a veces narrativo. La influencia de poetas como César Vallejo o Pablo Neruda es palpable. La legislación de la época, como el Decreto de 1957 que reorganizaba las enseñanzas medias, seguía sin incluir a estos autores en los programas, pero sus obras circulaban y eran leídas en ámbitos universitarios y culturales, convirtiéndose en un referente ético y estético para toda una generación. La poesía social, a pesar de sus limitaciones estéticas y de caer en ocasiones en el panfleto, cumplió un papel fundamental como testimonio de una época y como catalizador de una conciencia cívica en la España de la dictadura.
## La Generación del 50 o los 'Niños de la Guerra'
A mediados de la década de los 50, surge un grupo de poetas nacidos en torno a la Guerra Civil, conocidos como la Generación del 50 o los "Niños de la Guerra", que marcarán una profunda renovación en la poesía española. Autores como Ángel González, Jaime Gil de Biedma, José Ángel Valente, Claudio Rodríguez o Francisco Brines, sin renunciar a la dimensión moral y cívica de la poesía social, reaccionan contra sus excesos y su lenguaje a menudo descuidado. Proponen una poesía que, sin eludir la realidad histórica, se centra en la experiencia individual y cotidiana. Su principal aportación es la concepción del poema como un acto de conocimiento. La poesía no es solo un medio de comunicación o de denuncia, sino una forma de explorar la propia identidad y de entender el mundo. Esta idea, teorizada por Valente en "Las palabras de la tribu", es central en el grupo. Formalmente, son más exigentes que sus predecesores, buscando un equilibrio entre el lenguaje coloquial y la depuración lírica. La ironía, el escepticismo y un tono agridulce y melancólico son rasgos comunes en muchos de ellos. La temática se vuelve más íntima: el paso del tiempo, la amistad, el amor, el fracaso, la memoria de la infancia perdida por la guerra. Jaime Gil de Biedma, en "Compañeros de viaje" (1959), retrata la experiencia de su generación. Ángel González, en "Áspero mundo" (1956), combina la ironía con una profunda preocupación por el ser humano. Claudio Rodríguez, con "Don de la ebriedad" (1953), inicia una vía de celebración vitalista y metafísica. José Ángel Valente, desde "A modo de esperanza" (1955), evoluciona hacia una poesía del silencio y de la esencia. Este grupo, también llamado Escuela de Barcelona o Grupo de Madrid, aunque diverso, comparte una sólida formación intelectual y un profundo conocimiento de la tradición literaria española y de la poesía anglosajona (T.S. Eliot, W.H. Auden). Representan la superación de la dicotomía entre poesía personal y social, abriendo el camino a la pluralidad de la poesía contemporánea.
## De los 'Novísimos' a la Poesía de la Experiencia y la Actualidad
La década de los 70 comienza con una ruptura drástica con la poesía anterior, protagonizada por el grupo de los "Novísimos", a raíz de la antología "Nueve novísimos poetas españoles" (1970) de Josep Maria Castellet. Poetas como Pere Gimferrer, Guillermo Carnero o Vicente Molina Foix reaccionan contra el realismo y el compromiso social de las décadas previas, a los que acusan de provincianismo. Proponen una poesía esteticista, culturalista y vanguardista. Su principal característica es la intertextualidad: el poema se llena de referencias a la cultura de masas (cine, cómic, música pop) y a la alta cultura (literatura extranjera, arte, mitología). Buscan la experimentación formal, el juego con el lenguaje y una estética lujosa y sensorial, a menudo con influencias del surrealismo y del modernismo. Esta corriente, sin embargo, fue criticada por su elitismo y su aparente desvinculación de la realidad. Tras el fin del Franquismo y la llegada de la democracia, el panorama poético se diversifica enormemente. Durante los años 80, una de las corrientes más destacadas es la llamada "Poesía de la Experiencia", con autores como Luis García Montero, Felipe Benítez Reyes o Carlos Marzal. Este movimiento retoma el hilo de la Generación del 50, especialmente de Gil de Biedma, y propone una poesía de corte realista, figurativa y de temática urbana y cotidiana. Utilizan un lenguaje conversacional y una estructura narrativa, buscando la emoción y la reflexión a partir de la experiencia personal. Desde los años 90 hasta la actualidad, es imposible hablar de una corriente dominante. La poesía española se caracteriza por una enorme pluralidad de voces y estéticas: desde el neosurrealismo a la poesía minimalista, la poesía de la conciencia crítica, la poesía neobarroca o la poesía transmedia. La Ley Orgánica de Educación (LOE) de 2006 y su sucesora, la LOMCE de 2013, y más recientemente la LOMLOE de 2020, han ido reconfigurando el currículo de Literatura, abriendo tímidamente la puerta a estos autores más contemporáneos, aunque su presencia sigue siendo escasa. La poesía actual se enfrenta a los retos de la era digital, explorando nuevos formatos y canales de difusión, y demostrando una vitalidad y una riqueza extraordinarias.
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